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Viernes de Toros

Por Sanjuaneando.com · Soria

27 junio, 2016 10:36 CET · Historia de San Juan comentarios

El Viernes de Toros es la segunda jornada festiva de las fiestas de San Juan y probablemente la más densa en cuanto a diversión y a inveteradas costumbres, día en el que hay que cumplir con la tradición y sacrificar el toro que será repartido al día siguiente, y aunque lo usual es hacerlo mediante la lidia en la plaza no siempre ha sido así hasta el punto de que se puede afirmarse que el Viernes de Toros es el día de la fiestas de San Juan que más transformaciones ha sufrido con el desarrollo de los tiempos.

Uno de los posibles or√≠genes de las fiestas de San Juan es que en principio no fuera sino una simple comida de hermandad, una caldereta en la que participaban todos los vecinos de las cuadrillas en las que se divid√≠a la ciudad y para lo cual era requisito haber comprado un novillo, transportarlo intramuros y sacrificarlo, ceremonia esta √ļltima que pod√≠a hacerse de varias formas. No cuesta mucho imaginarse que en cualquier momento de la Historia un grupo de j√≥venes sorianos desbordados de testosterona y calentados por las altas temperaturas del est√≠o tras haber trasegado buena cantidad de vino quisiera presumir de hombr√≠a ante sus vecinos, y vecinas, probando su valor al jugarse la vida delante de un animal bravo. Mediante la lidia antigua, tradicional, alanzando, embolado con teas ardiendo o enmaromando y corriendo al toro, muchos pueblos celebran y han realizado rituales semejantes que no son muy diferentes de los ritos de iniciaci√≥n a la vida adulta que siguen desarroll√°ndose en muchas culturas de todo el mundo. A falta de leones o elefantes que cazar, en el pa√≠s ‚Äúde la piel de toro‚ÄĚ el toro bravo es y sigue siendo la √ļnica fiera irracional delante de la que poder demostrar su valor delante del clan. Esta hip√≥tesis de car√°cter antropol√≥gico justificar√≠a que en vez de sacrificar al animal en un matadero, como se har√≠a con ovejas o cerdos, se hiciera de una forma m√°s espectacular que permitiera demostrar la masculinidad y el valor del var√≥n, pues aunque no se puede demostrar, es casi seguro que estos ritos inici√°ticos eran exclusivamente de car√°cter masculino. Parece plausible pensar que esa distracci√≥n que supon√≠a el sacrificio del animal bravo se convirtiese en un espect√°culo, y de ah√≠ a convertirse en festejo apenas hay un paso.

Adem√°s hay que tener en cuenta que las corridas de toros lanceados, a caballo, a pie o en sus diferentes variantes han sido un rito, un juego, un objeto de caza pero en lo que ahora nos ata√Īe sobre todo han sido un espect√°culo tradicional que no estaba restringido a las fiestas del Com√ļn. Los Linajes celebraban tambi√©n con corridas sus fiestas de Santiago y con corridas se celebraban tambi√©n nacimientos reales, victorias b√©licas, coronaciones o visitas de personajes ilustres. Y no s√≥lo se celebraban en Soria, tambi√©n en muchos pueblos de la provincia se corr√≠an toros con esos mismos motivos de los que el Toro Jubilo de Medinaceli es de los pocos ejemplos que se mantienen. Uno de los lugares favoritos para celebrarlo en Soria, pero no el √ļnico, fue la plaza Mayor, y existe abundante documentaci√≥n que nos habla de las compras y pagos de las maderas que la cerraban o de las discrepancias surgidas entre los sorianos de anta√Īo sobre los derechos para poder disfrutar de un balc√≥n desde donde contemplar el espect√°culo.

A falta de datos hist√≥ricos y sin ahondar en la propia Historia de la Tauromaquia, sabemos que en Soria los novillos de las fiestas de San Juan se mataban al menos desde 1486, fecha en la que M√°ximo Diago Hernando en el art√≠culo La celebraci√≥n de la fiesta en la ciudad de Soria a fines de la Edad Media y comienzo de la Edad Moderna (Siglos XV-XVII) publicado en Revista de Soria n¬ļ 42, 2¬™ √©poca p√°gina 73, ha documentando la referencia m√°s antigua a corridas o novilladas en estas fiestas. Se ha dicho en algunos foros que estas corridas o novilladas se celebraban exclusivamente en la plaza Mayor, pero como ha demostrado ampliamente Jos√© Ignacio Esteban J√°uregui en el art√≠culo Leyendas de la Plaza Mayor de Soria en http://www.soria-goig.com/historia/HistSoria%20Archivada/pzaMayor.htm, cualquier plaza de la ciudad podr√≠a ser sitio adecuado para celebrarlas, o incluso tuvieron lugar fuera del per√≠metro amurallado de la ciudad, concretamente en la dehesa de San Andr√©s seg√ļn afirman Miriam Pastor y Carmen Mart√≠nez en Soria. Su historia, sus monumentos, sus gentes (Excmo. Ayuntamiento de Soria 2015, pagina 33).

El documento citado por Diago nos habla de corrida o novillada, lo que sugiere una lidia o menos m√°s tradicional con el toro suelto y el torero a pie que le da muerte a espada. Es posible que as√≠ fuese o que por corrida y novillada se entienda cualquier suerte taurina, incluida la tradicional del toro enmaromado pues esta ha sido si no la preferida, la √ļnica empleada por los sorianos para correr los toros durante mucho tiempo, concretamente hasta los inicios del siglo XX.

Ha habido ocasiones en las que lo toros corrían sueltos, eran banderilleados pero no sacrificados, en otras ocasiones eran ensogados y apuntillados, otras veces corridos y apuntillados, ahora son lidiados….Parece que las formas de correr a los animales y sacrificarlos han sido varias y diferentes, lo que una vez más demuestra que la fiesta ha sido y es un elemento vivo capaz de transformarse, evolucionar y adaptarse a los tiempos y a las necesidades por lo que la forma actual puede ser la más adecuada en nuestros tiempos pero no podemos asegurar que sea la forma definitiva.

Por no ser, ni siquiera ha sido el Viernes el √ļnico d√≠a de las fiestas en el que se corr√≠an los toros pues hasta principios del siglo XX los toros se corr√≠an y toreaban el Viernes en la plaza pero no eran sacrificados, se devolv√≠an al corral pues el S√°bado Ag√©s, muy de ma√Īana, se ensogaban o enmaromaban y se recorr√≠an con ellos las calles de la cuadrilla siendo apuntillados antes de las ocho a la puerta de la casa del jurado pues si no deb√≠an ser retirados. En ocasiones incluso se corrieron el Jueves por la tarde y el Viernes por la ma√Īana como comenta Esteban J√°uregui en el citado art√≠culo Leyendas de la plaza Mayor que recoge un documento de 21 de junio de 1790 que algunos detalles sobre la forma en la que desarrollaban entonces las corridas de novillos: ¬ęHabiendo conferido la Ciudad largamente sobre el modo y forma de practicar la corrida de los novillos de San Juan, teniendo presente la resoluci√≥n en este asunto del Iltmo. Se√Īor Don Pedro Rodr√≠guez de Campomanes Gobernador del Consejo; acord√≥, se corran enmaromados en la tarde del Jueves, en la Plazuela que se dice de Carrillo y Campo de la Tejera extramuros de esta ciudad; y en el dia viernes siguiente por ma√Īana y tarde en dicho Campo de la Tejera, sin que de ning√ļn modo se permita entrar novillo alguno enmaromado de puertas adentro por ninguna calle para evitar los perjuicios que puedan originarse; viniendo solamente en condescender por ahora a que se corran en dichos sitios en la forma expresada, porque el p√ļblico goze de esta diversi√≥n en cuyos t√©rminos le es m√°s apreciable por la antig√ľedad de su origen¬Ľ.

El documento de finales del XVIII nos habla de los perjuicios que se desarrollaban en la ciudad con los toros enmaromados pues era usual que durante estas carreras de los animales enmaromados, al meterse en zonas arboladas ornamentales, las maromas se cruzaban entre los √°rboles y al tirar los mozos y los animales acababan tronch√°ndolos. Pero sin lugar a dudas el principal da√Īo de estos toros enmaromados era el que afectaba a los propios animales. No tenemos detalles de esa √©poca antigua pero testigos de los toros enmaromados de las dos ocasiones en las que se celebr√≥ a medidos del siglo XX recuerdan escenas desagradables que causaban mucho sufrimiento al animal.

Con seguridad sabemos que al menos desde 1880 el toro enmaromado comienza a recibir cr√≠ticas por parte de algunos sorianos agrupados en una ‚ÄúSociedad Protectora de Animales y Plantas de la provincia de Soria‚ÄĚ presidida entonces por Rafael Trillo Figueroa y Sevilla, antiguo alcalde de la ciudad que posteriormente ser√≠a nombrado gobernador civil de la provincia. El 26 de enero de 1880 remiti√≥ un escrito al Ayuntamiento de Soria quej√°ndose del maltrato que recib√≠an los animales y solicitando la supresi√≥n de este festejo y su modificaci√≥n de forma que se celebre dentro de la plaza de toros. El escrito se queja de lo peligroso que resultaba correr los toros enmaromados por las calles y de la molestia que esa acci√≥n supone a los vecinos en horario de reposo, pero sobre todo se queja de ¬ęel mal trato que se d√° √† las reses √° pesar de de los prevenido en el art.10 del Ap√©ndice n√ļm. 3 de las Ordenanzas Municipales, y del celo de los Jurados de las cuadrillas por evitarlo; la M. I. Corporaci√≥n comprender√°, nada favorable dice de la cultura que distingue √° la generalidad de estos sensatos habitantes por m√°s que se escude en la tradicional costumbre legada por nuestros antepasados‚Ķ¬Ľ. El alcalde Manuel L√≥pez de Vicu√Īa le contest√≥ dici√©ndole que no pod√≠a acceder a lo solicitado pero que reforzar√≠a la vigilancia para el estricto cumplimiento de las Ordenanzas y evitar el sufrimiento del animal, si bien reconoc√≠a tambi√©n cierta flexibilidad en la aplicaci√≥n la norma para no tener que enfrentarse a los que celebraban el festejo.

La contestaci√≥n oficial resulta un tanto controvertida pues por una parte ven√≠a a reconocer que se comet√≠a una barbaridad pero por otra prefer√≠a evitar enfrentarse con los sanjuaneros, temi√©ndose incidentes y altercados como le ocurri√≥ a uno de sus sucesores. Con el discurrir de los tiempos ese sentimiento proteccionista fue extendi√©ndose entre los sorianos pero tambi√©n en Espa√Īa de forma que se dictaron normas para prohibir esta suerte taurina en todo el pa√≠s.

El toro enmaromado fue el protagonista del Viernes de Novillos hasta que la real orden gubernativa ‚ÄúSobre las capeas‚ÄĚ de 5 de febrero de 1908 dirigida a los gobernadores civiles por el ministro de la Gobernaci√≥n, Sr. Juan de la Cierva (Gaceta de Madrid n¬ļ 37 de 06/02/1908). En ese texto y entre otras disposiciones de √≠ndole taurino ordenaba la prohibici√≥n absoluta de que ‚Äúse corran toros y vaquillas, ensogados √≥ en libertad, por las calles y plazas de las poblaciones, ordenando √° los alcaldes que, bajo su m√°s estrecha responsabilidad, cuiden de la eficacia de esta prohibici√≥n‚ÄĚ‚ÄĚ. Unos d√≠as despu√©s, el 19 de febrero, el Ayuntamiento de Soria se reuni√≥ para informar a todos los concejales sobre esta orden y tomar una decisi√≥n que fue la de acatar la orden, trasladarla a los jurados de cuadrilla, y convocar una especie de comit√© de sabios formado por alcalde, concejales, jurados de cuadrilla, y directores de peri√≥dicos, para decidir qu√© actos sustituir√≠an a ese toro enmaromado.

Aunque aparentemente y para evitarse problemas las cuadrillas acataron la orden gubernativa, parece que el sentir popular y las ideas de los jurados eran muy diferentes pues ese a√Īo las fiestas se celebraron m√°s o menos como de costumbre, pero los problemas surgieron al a√Īo siguiente cuando con los toros en la plaza, algunos mozos acudieron para recogerlos y enmaromarlos por lo que el propio alcalde de la ciudad don Ram√≥n de la Orden, impuso su autoridad, salt√≥ a la arena y con su vara de mando en alto oblig√≥ a los rebeldes a que cedieran en su actitud, lo que casi le cost√≥ un disgusto puesto que el toro segu√≠a vivo en el albero. Desde entonces se dispuso ya la celebraci√≥n que conocemos del Viernes de Toros con su configuraci√≥n actual de dos novilladas, una por la ma√Īana y otra por la tarde, toreadas por media cuadrilla de banderilleros contratada por el Ayuntamiento que intentan dar muerte al toro. Los incidentes y los problemas se repitieron en alguna otra ocasi√≥n pero parece que la soluci√≥n gust√≥ y acab√≥ imponi√©ndose la forma actual con alg√ļn intento de recuperaci√≥n el S√°bado Ag√©s de mediados del siglo XX como se tratar√° en su cap√≠tulo correspondiente.

Un problema que se repite hoy y se repet√≠a hace un siglo era el de la capacidad de la plaza de toros que se desbordaba cada Viernes de Toros y que era causa de no pocos enfrentamientos entre vecinos de pueblos de la provincia que hab√≠a hecho cola a veces toda la noche, los vecinos de la capital que hab√≠an entrado a fiestas y entend√≠an que ellos ten√≠an m√°s derechos, y vecinos de la capital que hab√≠an alquilado el derecho a los palcos seg√ļn costumbre de la √©poca, y que se ve√≠an impotentes al ver sus lugares ocupados. En 1914 el Ayuntamiento decidi√≥ que cada vecino que entrase en fiestas recibiese cuatro entradas para la novillada del Viernes por la ma√Īana y otras cuatro para la de la tarde y que los menores de siete a√Īos podr√≠an entrar libremente ‚Äúsiempre que vayan acompa√Īados de mayores, y el cabeza de familia haya contribuido a entrar en fiestas‚ÄĚ. El problema no se arregl√≥ ante la imposibilidad de controlar la multitud y aunque hubo problemas serios hace ya tiempo que pese a seguir entregando las entradas el Ayuntamiento se desentendi√≥ del problema confiando en el buen criterio y educaci√≥n de los que acuden a los toros, lo que no parece haber dado tan mal resultado. A finales de la d√©cada de 1950 se plante√≥ construir una nueva plaza decoros en la ladera del Mir√≥n pero finalmente y con un presupuesto mucho menor se decidi√≥ renovar y ampliar la existente que gan√≥ m√°s de dos mil localidades, a√ļn escasas para las novilladas del Viernes de Toros, pero adecuadas para su uso general.

De la plaza los novillos eran llevados al matadero municipal donde los matarifes se encargaban de arreglarlo despedazándolo en canal, correspondiendo a los cuatros la tarea de deshacerlo en tajadas y en los restos a subastar el día siguiente. El toro despiezado era llevado a la cuadrilla o a casa del jurado donde, en el mejor de los casos se guardaría con hielo aunque lo usual sería que fuesen guardados en cualquier dependencia fresca de la casa lo que unido a las deficiencias higiénicas y con el calor de estos días ha sido causa de no pocas enfermedades por ingesta de carne en mal estado.

Desde entonces pocas m√°s novedades destacables ha habido en el desarrollo de las novilladas del Viernes de Toros, si acaso sea diga de mencionar las llevadas a cabo en el ya comentado intento de reformas de mediados del siglo XX auspiciadas por el gobernador L√≥pez Pando y que, en lo que afecta al Viernes de Toros consistieron en la programaci√≥n de un partido de f√ļtbol que se celebr√≥ a la misma hora que la novillada.

Parece ser que este partido de f√ļtbol ten√≠a por objeto descongestionar la abarrotada plaza de toros pues uno de los problemas repetidos desde que hay constancia documental es su limitado aforo que en estos d√≠as quedaba desbordado. Es posible que actualmente cada Viernes de Toros haya m√°s personas en la ciudad pero en aquella √©poca la plaza ten√≠a menos asientos y hasta Soria acud√≠an sorianos de toda la provincia pues para muchos era la √ļnica oportunidad de contemplar una novillada con toreros de verdad. Hay constancia de estos problemas desde siempre y de las posibles soluciones que pasaron por la impresi√≥n de entradas, cuatro por cada vecino, y de su intento de control que siempre ha sido y ser√° en vano.

Pero adem√°s de ser el d√≠a de correr los novillos, hist√≥ricamente el Viernes de Toros ha sido tambi√©n el d√≠a de los hombres, al menos desde 1554 seg√ļn se recoge en las ordenanzas festivas del libro de la cuadrilla de San Esteban en el que se especifica que el Viernes de Novillos era el d√≠a de los hombres y el S√°bado de las mujeres. El motivo era que en esa jornada los vecinos, en el sentido de cabeza de familia, ten√≠an por costumbre reunirse juntos en casa del mayordomo de su cuadrilla para comer las viandas que ‚Äúdios le ayudare‚ÄĚ, y tras la comida se proced√≠a al nombramiento de los cargos festivos para las fiestas del a√Īo siguiente, cargos irrenunciables salvo que el interesado estuviera dispuesto a pagar una importante sanci√≥n econ√≥mica. Aquellos cargos u oficios de cuadrilla antiguos, hoy anacr√≥nicos en su mayor parte, eran los de mayordomo, alumbradores, comisi√≥n para la compra del toro, contadores, revisor o revisores de cuentas, cocedor de caldera, repartidores de la caldera, secretario, servidor de damas, sacador de mozas, dos cuatros nuevos que convert√≠an en viejos a los dos nuevos del a√Īo anterior, y el compa√Īero o ayudante del mayordomo.

Aquella antigua costumbre se perdi√≥, o m√°s bien se transform√≥, pues desde que hay memoria el Viernes de Toros ha sido el d√≠a de los hombres, y m√°s que de los hombres en general el d√≠a de los casados en particular, √ļnica jornada al a√Īo para algunos en los que se les permite divertirse por su cuenta con su amigos, salir de casa por la ma√Īana y regresar cuando puedan. Esta especie de libertad condicional del Viernes de Toros va desapareciendo a√Īo a a√Īo conforme las mujeres tambi√©n salen a divertirse por su cuenta por lo que cada vez es m√°s normal ver que ese d√≠a los hombres y mujeres comen separados, incluso lo m√°s usual es que esa consideraci√≥n sexista de la jornada se vaya perdiendo y cada vez es m√°s frecuente ver que las nuevas generaciones salen, comen, beben y disfrutan juntos, en grupo o en pareja.

Esa consideraci√≥n eminentemente masculina de la jornada hac√≠a tambi√©n que fuesen √ļnicamente hombres quienes ocupasen el callej√≥n de la plaza, siendo pr√°cticamente imposible encontrar una mujer pues la honra de cualquiera de ellas corr√≠a serio peligro. En un lugar en cuyo espacio f√≠sico caben cinco hombres bebidos por metro cuadrado, los apretones m√°s o menos voluntarios estaban asegurados. No es una disculpa pero todos conocemos a honorables padres de familia serios y circunspectos durante todo el a√Īo que ese d√≠a se sueltan la melena y se convierten en borrachos babosos, y en una fiesta tan machista como han sido las de San Juan hasta hace poco a√Īos, todo esto tambi√©n se justificaba. La hegemon√≠a masculina en el callej√≥n sigue siendo predominante pero a la par que las j√≥venes no entienden que puedan ser discriminadas ni en el callej√≥n los hombres van, vamos civiliz√°ndonos, lo que va haciendo que esa costumbre vaya despareciendo para siempre.

Desarrollo actual
La jornada comienza muy temprano, tanto que algunos deciden alargar la trasnochada para evitar madrugar pero los que han decidido dormir no necesitan despertador pues a las ocho de la ma√Īana las cuadrillas ser√°n las encargadas de despertar a los sorianos mediante la primera de las dianas de fiestas, una ronda cuadrillera en la que jurado, secretario, cuatros y colaboradores (n√≥tese que se emplea solo el g√©nero masculino, veremos porqu√©) recorren las calles de su cuadrilla levantando a los que duermen al ritmo de sanjuanera y convidando a todo aquel a quien se encuentran a an√≠s, moscatel y pastas. Mientras tanto las mujeres se quedan en el local de la cuadrilla preparando comidas, bocadillos, vino y refrescos que tendr√°n que llevar a la plaza. Si no se ha recuperado todav√≠a alguien debe encargarse de recoger el cachirulo y las banderillas de lujo que se expusieron en un escaparate despu√©s de la Compra, y los sujetar√° al cartel identificativo de la cuadrilla con el que se desfila.

El resto de la ciudad se despereza y como es d√≠a laborable, al menos por la ma√Īana y para una peque√Īa minor√≠a, los m√°s madrugadores ya han rellenado sus botas de vino, comprado sand√≠as, cerezas, bocadillos y todo aquello que pueda comerse f√°cilmente como almuerzo en la plaza si bien hay quien prefiere llevarse fiambreras con platos m√°s elaborados o incluso sibaritas que acostumbran a prepararse un potaje de garbanzos y un bacalao a la riojana sobre un hornillo improvisado en un rinc√≥n de la plaza o de los alrededores. Como ayer, otros elementos indispensables para disfrutar del d√≠a y que casi deber√≠an ser obligatorios son el sombrero y la crema para proteger de los rayos UV pues la calorina est√° asegurada, y de no mediar el protector adecuado, la quemadura solar tambi√©n.

Ese d√≠a se celebrar√° en la plaza de toros una novillada a pie, mejor dicho dos, una por la ma√Īana y otra por la tarde. En la de la ma√Īana se lidiar√°n los novillos correspondientes ‚Äďen ese orden‚Äď a las cuadrillas de La Cruz y San Pedro, Santa Catalina, La Mayor, El Rosel y San Blas, Santiago, y San Miguel., y por la tarde se lidiar√°n los de las cuadrillas de San Juan, Santo Tom√©, San Clemente y San Mart√≠n; San Esteban, El Salvador, Santa. B√°rbara y La Blanca.

Desde antes de abrir las puertas ya hay gente haciendo cola para coger los sitios preferentes, y entre ellos algunos miembros de cada cuadrilla que llevar√°n a sus palcos reservados las cajas con el almuerzo y los bidones con hielo para refrescar las bebidas que consumir√°n a lo largo de la ma√Īana. A eso de las 9 los que hab√≠a partido a dar la diana regresan al local de la cuadrilla para almorzar r√°pidamente y participar en el desfile de todas las cuadrillas que, siguiendo el orden acostumbrado, parte a las diez de la ma√Īana de la plaza Mayor hasta la plaza de toros. Como ya se ha apuntado, en este desfile los carteles de las cuadrillas deben llevar como complemento las dos banderillas de lujo y el cachirulo que llevar√° su toro, por lo que en este desfile conviene no hacerlo bailar. Al llegar a la plaza las cuadrillas hacen el pase√≠llo por el coso y pasan a ocupar su lugar reservado en los palcos superiores de la plaza.

  • Adem√°s de la comida, algunas costumbres que se van incorporando poco a poco obligan o aconsejan a los jurados a llevar otros elementos:
  • Un ramo de flores y un pa√Īuelo de cuadrilla con el que se obsequiar√° al novillero tras la muerte del novillo.
  • Un imperdible para sujetarle en la montera el sobre con la gratificaci√≥n con la que se le premia. Las cuadrillas de toreros suelen cobrar sus servicios por parte del Ayuntamiento pero los novilleros suelen hacerlo gratis para poder acumular novilladas y experiencia, por lo que no est√° de m√°s que los jurados valoren con dinero de su propio bolsillo el derroche de valor del novillero.
  • Una botella de cava y copas pues es costumbre reciente pr√°cticamente generalizada brindar con ese espumoso despu√©s de colocarle el cachirulo al toro.
  • Un rollo de cuerda de esparto para sujetar el cartel de la cuadrilla a la columna del palco reservado.

A esas horas la plaza est√° totalmente abarrotada de personas que llenan los palcos, el callej√≥n, el patio de arrastre…, ocupando un lugar que en muchos casos es como una plaza fija y respetada pues a puro de a√Īos de Viernes de Toros se han ganado el derecho a ocupar esa localidad. En los Viernes de Toros cada uno vive la fiestas como quiere y entre el p√ļblico hay quien acude a contemplar la novillada, otros acuden a divertirse como puedan sin llegar a ver un solo toro, los hay que vienen bebidos para irse al final m√°s afectados, los hay disfrazados de novia, travestidos e incluso quien viene solo para tirarse agua sobre las cabezas. Estos √ļltimos ni siquiera suelen ser conscientes de lo que ocurre en el albero pues permanecen en el patio del desolladero reg√°ndose con la manguera o trasegando cerveza fresca en los aleda√Īos de la plaza. Dice la tradicional canci√≥n sanjuanera de este d√≠a que lo toreros tienen miedo y no saben torear, lo que no se sabr√° hasta el final, pero lo que seguro que experimentan a estas horas es una sensaci√≥n extra√Īa que mezcla su sorpresa por encontrarse una plaza literalmente abarrotada, las ganas de salir pitando y el pensamiento de ‚Äúest√°n locos estos sorianos‚ÄĚ, sentimientos que con el discurrir de la faena sustituir√°n por un agradecimiento sincero por el apoyo y los aplausos recibidos.

La lidia comienza m√°s o menos puntual a las diez y media tras el obligado pase√≠llo de los novilleros que torear√°n dos animales cada uno. El primero ser√° el de cuadrilla de la Cruz y San Pedro. y mientras cada uno intenta cumplir lo mejor que puede las artes de su oficio suena la charanga de la cuadrilla cuyo toro se est√° lidiando y que interpretar√° la sanjuanera ‚ÄúViernes del Toros‚ÄĚ o la de ‚ÄúSalta Isidoro‚ÄĚ, permaneciendo las dem√°s en silencio y amenizando s√≥lo los intermedios. Le seguir√°n despu√©s los novillos correspondientes a Santa Catalina, La Mayor, El Rosel y San Blas, Santiago y San Miguel.

A diferencia de cualquier otra corrida o novillada, en estas del Viernes de Toros las autoridades son muy indulgentes y permiten una cierta tolerancia por lo que no debe extra√Īar que en la plaza haya much√≠simas m√°s personas que localidades permite su aforo. El callej√≥n se encuentre literalmente lleno de gente, igual que los pasillos y accesos a la grada, pero hay unos m√≠nimos que respetar y no se debe permitir bloquear los accesos a la enfermer√≠a ni que los burladeros est√©n ocupados pues aunque todo el mundo est√© divirti√©ndose hay que recordar que unos pocos se est√° jugando el tipo. Este d√≠a tambi√©n debe ser el m√°s duro para los agentes de la polic√≠a local quienes con mucha paciencia y m√°s aguante tratan de que se conserve un cierto orden y que no ocurran incidentes importantes, y todo ello lo hacen poniendo su mejor cara lo que resulta dif√≠cil pero no imposible pues saben que cuentan con el apoyo de pr√°cticamente todos los presentes.

Su prueba de fuego la tienen entre toro y toro y es que es costumbre que cuando las puertas del patio de arrastre se abran para que entren las mulillas cientos de personas aprovechen para entrar al albero. Pasado un tiempo razonable y con infinita paciencia los agentes de polic√≠a tratan de conducir la muchedumbre hacia el desolladero sin que se creen m√°s problemas que tener que empujar a alg√ļn reticente por encima de las puertas ya que es imposible que quepa m√°s gente en el callej√≥n. El problema de esta pausa es que suele alargase cada vez m√°s tiempo haciendo que la novillada se alargue m√°s horas de las necesarias. Particularmente en los √ļltimos toros de la tarde, el p√ļblico ya casi ni entra al callej√≥n y se queda en el albero con lo que los toreros se quejan de que tienen muchas dificultades para hacer su trabajo con efectividad y seguridad, vivi√©ndose a veces situaciones de peligro por parte de este p√ļblico que no entiende que aunque estemos de fiesta la novillada es un duro y peligroso trabajo para el que se est√°n jugando el tipo. El peligro es tan real como lo fue la cogida que en 1935 sufri√≥ el novillero local Vicente Ruiz ‚Äúel Chinche‚ÄĚ mientras toreaba el sexto de la ma√Īana y que acab√≥ con su vida.

Una costumbre que surgi√≥ a partir de los a√Īos ochenta del siglo pasado es la de que al poco de comenzar la lidia de un novillo los jurados, secretarios y allegados de la cuadrilla que le sigue en turno, se dirijan al interior de la plaza para que en los chiqueros el jurado, despu√©s se cedi√≥ al costumbre a la jurada, auxiliada por personal de la plaza coloque con una p√©rtiga el cachirulo al toro, momento que como ya se ha apuntado, se celebra brindando con cava, otra costumbre que no tiene ni veinte a√Īos. Tras esa ceremonia todos se van a su palco salvo la pareja de jurados que se queda ah√≠ mismo, junto al balconcillo de toriles pues otra costumbre reciente es colocarles ah√≠ a para que contemplen la lidia desde el lugar m√°s privilegiado de la plaza.

Los toreros colocar√°n primero las banderillas de lujo elaboradas por la jurada, por lo que para cumplir su funci√≥n no deben ser demasiado ostentosas, y despu√©s uno o dos pares de banderillas corrientes. Tras recoger la espada y la muleta el torero se dirigir√° al balconcillo para lanzarle su montera y brindarle el toro a la jurada, momento que ella emplear√° para sujetar con un imperdible el famoso sobre con la gratificaci√≥n, con el que le premiar√° al acabar la faena y devolv√©rsela, coloc√°ndole tambi√©n el pa√Īuelo de la cuadrilla al cuello y obsequi√°ndole con un ramo de flores.

Otra de las particulares costumbres que se consienten los Viernes de Toros es que haya gente dentro del albero, aunque m√°s que consentir se tolera como mal menor pues es imposible mantener dentro del callej√≥n a tanta cantidad de gente que quiere coger las banderillas pues otra pr√°ctica habitual de de esta jornada es la de recoger el cachirulo y las banderillas de lujo que ha elaborado la jurada para devolv√©rselas. Eso s√≠, debe primar el respeto al toro y al torero y se considera de mal gusto y peor educaci√≥n el hecho de arranc√°rsela al novillo antes de morir, arriesg√°ndose el que lo haga a recibir sonoras pitadas e insultos por parte del p√ļblico.

Aunque sin lugar a dudas m√°s que el balconcillo de toriles, el lugar de predilecci√≥n para participar en la fiestas del Viernes de Toros, y ocasionalmente para ver el espect√°culo taurino, sigue siendo el callej√≥n de la plaza, un espacio prohibido en cualquier festejo taurino normal y en el que se disfruta entre empujones, choros de agua, humo de tabaco, sudor, pedos y un calor asfixiante que se tolera mejor cuando el vino de la bota est√° a√ļn fresco, All√≠ la fiesta se vive m√°s intensamente que en cualquier otras parte de la plaza y armado con humor y mucha paciencia se pueden vivir an√©cdotas y experiencias que se recordar√°n toda la vida. Sin embargo que nadie se llame a enga√Īo. Quien est√° ah√≠ lo hace voluntariamente y no puede alegar ignorancia pues el peligro de que un toro o un novillero salte las tablas y te caiga encima o de que una banderilla salga despedida es real, pero es el precio que hay que pagar por estar all√≠.

Una de las particularices del callej√≥n es que al cabo de los a√Īos cada uno suele ir ocupando un lugar fijo y hasta una labor concreta como la de abrir los toriles, pasar las banderillas, reservar el burladero a los toreros, procurar espacio delante de la puerta de la enfermer√≠a‚Ķ costumbres que se deben respetar a rajatabla pero que hacen que las ausencias de los que falten se dejen notar, especialmente cuando son para siempre. Parece algo contradictorio pero en este d√≠a en el que se derrocha jolgorio, alegr√≠a y transgresiones, muchos sorianos no pueden dejar de sentir una serie de sentimientos encontrados y a muchos se les encoge un poco el coraz√≥n al contemplar como esos huecos o funciones est√°n ocupados ya por otras generaciones y que aquellos sanjuaneros de pro que nos acompa√Īaron y ense√Īaron a entender la fiesta ya nunca volver√°n.

Pero dejemos la nostalgia y continuemos narrando la particular idiosincrasia de los Viernes de Toros cuyas costumbres van cambiando. Por ejemplo, lo de ir a ver la novillada entera como espectador y permanecer en el mismo sitio como en una corrida sería es algo que va desapareciendo. Ahora hay mucha más gente en los patios, pasillos y sobre todo fuera de la plaza donde puede haber miles de personas bebiendo y bailando. La fiesta que se prepara en torno a la plaza alcanza dimensiones que comienzan a ser preocupantes pues cada vez son más los que en coches particulares o hasta en autobuses fletados para la ocasión, vienen de todas partes del país para disfrutar de esa fiesta de la que desconocen casi todo. Es más, aunque el descontrol festivo permita ciertas libertades, de un tiempo a esta parte el Viernes de Toros se está convirtiendo es una especie de Viernes de Carnaval llegando casi a ser la excepción el no ir disfrazado. Como se ha dicho tantas veces, la fiesta es un elemento vivo que se va transformando y que cada uno lo vive como quiere, pero todavía somos muchos los que seguimos sin ver la conveniencia de convertir el Viernes de Toros en una carnavalada, particularmente si los que la están transformando en eso son foráneos que ni saben de la fiesta ni quieren entenderla.

Aunque los novilleros que vienen a torear este día son cada vez más expertos, lo usual y lo tradicional ha sido siempre que el ayuntamiento contratase a los más baratos que podía encontrar y en muchos casos el salario por su faena era directamente proporcional a su profesionalidad e inversamente proporcional a su miedo, lo que hacía que salvo honrosas excepciones los novilleros contratados fuesen pinchauvas amedrentados que daban al toro más pinchazos que capotazos, lo que convertía en frecuente el hecho de que los toros tuvieran que ser devueltos vivos a los corrales. Hoy la situación ha cambiado y aunque siga habiendo torerillos con poca experiencia, cada vez es más raro y lo usual es que los novilleros sean auténticos profesionales con tantas ganas de practicar como de ofrecer un buen espectáculo.

Una vez sacrificados los toros los operarios municipales los trasladar√°n al matadero municipal para, en teor√≠a, ser despiezado en partes que ser√°n repartidos a los vecinos y el resto subastado. Anta√Īo all√≠ acud√≠an los cuatros de cuadrilla para hacerse cargo del despiece del toro, pero los tiempos han cambiado para mejor y ahora camiones frigor√≠ficos recorren las cuadrillas llevando carne de toro para el d√≠a siguiente.

Tras concluir la novillada, a la salida de los toros se organiza uno de los desfiles m√°s vistosos y animados de las fiestas en el que participan cuadrillas y pe√Īas que recorren el Collado hasta la plaza Mayor para recorrer despu√©s los bares de la ciudad que dejar√°n sin cerveza fr√≠a. En los a√Īos ochenta y como costumbre importada de otros lugares se puso de moda que tras este desfile de la ma√Īana se organizasen en el Tubo aut√©nticas batallas de lanzamiento de cerveza, polvos de talco y harina, una costumbre muy celebrada por los j√≥venes pero que fue atajada contundentemente por algunos intransigentes de los usos y costumbres pues pensaban que esa no era su fiesta y que con campa√Īas de pegatinas y alg√ļn que otro pescoz√≥n hicieron desaparecer la costumbre.

Otro espacio reservado para la emoci√≥n en este d√≠a es la costumbre que se va imponiendo desde hace pocos a√Īos de que en este intervalo de mediod√≠a o, si es posible, antes de ir a la plaza, el jurado de la cuadrilla de San Miguel acuda al cementerio a depositar un ramo de flores sobre la tumba de Vicente Ruiz ‚Äúel Chinche‚ÄĚ, pues fue un toro de esta cuadrilla el que acab√≥ con la vida del novillero soriano el Viernes de Toros de 1935.

Pero para la mayor parte de la gente que ese d√≠a satura la ciudad, esa hora es el momento de comer. Muchos se ir√°n a casa para tomar algo y sobre todo descansar pero muchos otros decidir√°n que como suele ser una jornada de reencuentro con las amistades lo mejor es comer en uno de los restaurantes de la ciudad que en este d√≠a ampl√≠an su capacidad montado mesas en cualquier sombra cercana de la v√≠a p√ļblica pues de no permitirse esa licencia ser√≠a imposible dar de comer a tanta gente con el n√ļmero de mesas habituales. Como ya dec√≠amos antes, la educaci√≥n nos sigue haciendo decidir que ese d√≠a los amigos coman juntos y las amigas juntas pero no revueltos, aunque siguiendo el ejemplo de los j√≥venes, la costumbre segregacionista de se√Īores y se√Īoras va diluy√©ndose por lo que cada vez es m√°s normal ver comer juntos chicos y chicas. El men√ļ de la jornada estival parece m√°s propio de un obrero de la construcci√≥n en invierno pues es t√≠pico comer alubias preparadas en sus diferentes variantes y otros platos tan poco ligeros como las carnes guisadas o asadas. La contundencia de estos platos tiene su fundamento pues atiborrados de vino, cerveza y licores, s√≥lo con esta pesada comida se puede metabolizar tanto alcohol sin desfallecer.

Tras el reposo y una siesta m√°s que justificada a la sombra de un √°rbol, hay que regresar a la plaza pues a la seis de la tarde se celebra la segunda novillada de la jornada con un desarrollo pr√°cticamente id√©ntico al de la ma√Īana, si acaso m√°s pesada pues el calor aumenta y los efluvios del calor, de la pesadez de la digesti√≥n e incluso de la propia digesti√≥n de las alubias, hacen que contemplar los toros en la plaza sea m√°s agobiante. En esta ocasi√≥n se lidian los novillos de las cuadrillas de San Juan, la de Santo Tom√©, San Clemente y San Mart√≠n, los de San Esteban, El Salvador, Santa B√°rbara y La Blanca.

Al terminar la novillada cada uno contin√ļa la fiesta como quiere o puede, pero las cuadrillas deben seguir rondando las calles de su barrio salvo unos cuantos colaboradores que empezar√°n a preparar las tajadas en crudo que se repartir√°n al d√≠a siguiente.

Por la noche, como ayer, contin√ļan las verbenas de cuadrilla o pasacalles y las de las pe√Īas, en las que todav√≠a abundan se√Īores casados de mediana edad que se resisten a volver a casa y dar por terminado la libertad que s√≥lo se les permite un Viernes de Toros al a√Īo.


Alberto Arribas es miembro de la Asociación de Amigos del Museo Numantino. 

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