Historia de las Fiestas de San Juan ❱

El Sorteo de Jurados

El Sorteo es el primer acto sanjuanero oficial del año. Sin ser una celebración festiva, es una buena ocasión para tener el primer contacto con los jurados que tomarán el cargo en el Catapán.

Por Alberto Arribas · Soria

1 Abril, 2016 11:10 CET · Historia de San Juan comentarios
Sorteo San Juan 1986
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Aunque el Sorteo de los jurados no sea propiamente una jornada de las Fiestas de San Juan, conviene incluirlo en esta relación festiva puesto que es el primer acto sanjuanero comunitario que se organiza de una forma oficial y en el que ya suenan las primeras canciones sanjuaneras.

Históricamente no tiene una larga tradición puesto que el sistema de elección de los jurados de antaño muy poco tiene que ver con la situación actual pero aunque no sea más que para ir conociendo los antecedentes de nuestras fiestas vale la pena dedicarle un poco de atención al acto.

Edad Media el jurado de cuadrilla era un representante político de los vecinos que además de otras funciones organizativas, sociales y fiscales cada año se ocupaba de elegir a un vecino para nombrarle mayordomo de la cuadrilla.

Para comenzar hay que insistir una vez más en que aunque la esencia se vaya manteniendo en muchos aspectos el desarrollo de las fiestas tiene muy poco o nada que ver con lo que fue en la antigüedad. Por ejemplo, la propia esencia del jurado o mayordomo de las fiestas casi nada tiene que ver con lo que el jurado representa en la actualidad. Muy someramente recordaremos que la organización política y social de la Soria antigua distaba mucho del actual sistema político. En la Edad Media el jurado de cuadrilla era un representante político de los vecinos que además de otras funciones organizativas, sociales y fiscales cada año se ocupaba de elegir a un vecino para nombrarle mayordomo de la cuadrilla para que sirviese y organizase la fiesta de San Juan a los vecinos de su cuadrilla. El mayordomo, elegido de entre los nuevos vecinos de cada cuadrilla y de una forma que recuerda mucho al sistema de “entrada a vecino” que ha existido en casi todos los pueblos sorianos, venía a aceptar resignado la obligación moral de organizar una fiesta comunitaria y servir a sus vecinos en ese año o para dos, que en algunos su cargo era bianual.

A menudo se entendía que más que un cargo el ser mayordomo era una carga, una obligación y casi un castigo más que un honor puesto que sobre él recaía la organización de toda la fiesta cuadrillera y hasta parte del pago del coste de las fiestas pues aunque en teoría se pagaba a escote entre los vecinos mediante su participación en “tajadas”, no resulta extraño pensar que todos aquellos imprevistos, detalles, adelantos y minucias correrían a cargo del mayordomo y de su familia. Y llegados a este punto hay que hacer hincapié en que estamos hablando en masculino de la figura del mayordomo pero no de la mayordoma y es que debe ser de justicia reconocer que detrás de un mayordomo debía haber no una sino un tropel de mujeres lideradas por su esposa que serían las que realmente sacaran adelante la ingente cantidad de trabajo que se acumulaba en estos días. En aquella sociedad seguro que mucho más machista que la actual el papel de la mujer ni se ha tenido en cuenta ni se ha reconocido, pero si el de ellos seguro que era duro, sin duda que el de ellas lo era peor, más desagradecido y nada reconocido.

A menudo se entendía que más que un cargo el ser mayordomo era una carga, una obligación y casi un castigo más que un honor puesto que sobre él recaía la organización de toda la fiesta cuadrillera

La figura del mayordomo

Pero siguiendo con los mayordomos, hay que decir que ese sistema de nombramiento de mayordomos ha variado poco a lo largo de la Historia pero con el devenir de los tiempos, en el siglo XIX surgieron nuevas interpretaciones de la organización política y general de la sociedad que afectaron al desarrollo de nuestras fiestas pues desaparecieron las tradicionales instituciones de gobierno locales (Linajes, Común y Universidad de la Tierra), lo que hizo también que la figura del jurado como representante político de la cuadrilla desapareciese o más bien se modificase o evolucionase a una figura del mismo nombre pero nombrada por el concejo de la ciudad, no directamente por su vecinos, y que casi tenía que más ver con las funciones de los alguaciles de barrio o los jueces de paz pero manteniendo a la vez las funciones festivas asumidas de los mayordomos de antaño y que a la postre serán las únicas y definitivas del cargo de jurado de cuadrilla. Conforme a las ordenanzas municipales de 1839 el ayuntamiento de Soria decidió que el símbolo físico de su jerarquía y autoridad sería un bastón con puño de madera blanca como símbolo de su poder “Para que los Alcaldes de Barrio, particularmente en algunos casos, sean conocidos y respetados de todos sin excusa, podrán usar la insignia de un bastón de vara y cuarta de alto y puño de madera blanca”.

Desde entonces y hasta finales del siglo XIX la situación fue cambiando conforme a varias ordenanzas festivas que trataban de regular la fiesta, pero por unas razones u otras, no se adaptaban a la realidad o servían para poco. En 1899 el consistorio presidido por Mariano Vicén aprobó las Ordenanzas festivas que con modificaciones y omisiones han estado vigentes hasta que se aprobaron las de 2002 y que en cuanto a la elección de jurados determinaban que “El Ayuntamiento nombrará por sorteo en la primera sesión que celebre en el mes de abril, un Jurado para presidir cada una de las cuadrillas de entre los vecinos que hayan asentido a la celebración de las fiestas… Este cargo será gratuito y podrán excusarse de su desempeño los mayores de 60 años y los que hayan ejercido o ejerzan cargos municipales o provinciales”.

Aunque hacia 1907 surgió la incomprensible rareza de que un vecino se presentase voluntario para desempeñar el oficio de jurado y que poco a poco fue cundiendo el ejemplo, la mayor parte de los años las cuadrillas no tenían tanta suerte y debían recurrir a la fórmula anteriormente descrita y que no acababa de dar buenos resultados por lo que pronto se vio la necesidad de adaptar ligeramente el reglamento para disponer que en vez de meter a todos los vecinos en el bombo, fuese el jurado saliente el encargado de nombrar una terna de tres nombres de vecinos de su cuadrilla y que, según su criterio personal, pudiesen desempeñar el cargo con dignidad e informase de ello al Ayuntamiento de la capital que les remitía comunicación oficial convocándoles al acto del sorteo de los jurados que se realiza el primer sábado de abril, presidido por la alcaldía o concejal que delegue. Muchos de los últimos jurados elegidos conforme a esta normativa empleada hasta 2001 confiesan que están convencidos de que los tres papeles estaban ya escritos con un único nombre, el suyo, pero aunque para alguno ese día fue de disgusto no se arrepintieron de ello.

Eso sí, aunque la situación cambió casi al final, aquel fue un acto oficial carente de componente festivo al que acudía solo el vecino afectado, por supuesto sin jurada a quien se le relegaba al papel de esposa del jurado. Pero claro, teniendo en cuenta que en eso se produce en una época en la que una mujer ni siquiera podía abrir una cartilla en un banco sin la firma de su padre o esposo, no debe extrañarnos lo poco que a ellas se las ha tenido en cuenta en la organización de las fiestas.

Los jurados “profesionales”

Oficialmente, con la ley en una mano y la ordenanza en la otra, ni siquiera en las dictaduras se ha podido obligar a nadie a ser jurado, pero todo elegido sabía que más fuerte que la obligación legal era la moral que llevaba a pensar en la renuncia como algo impensable de lo que sólo se excusaba a los que vestían luto o a los enfermos. Sin embargo sí es cierto que a veces el jurado elegido por sorteo o no podía o no le daba la gana de ejercerlo, por lo que no tenía más remedio que echar mano del recurso de la picaresca y buscar uno de los muchos sorianos que se dedicaban a “hacer las veces de jurado”, vecinos que a cambio de la ayuda económica que les daba el ayuntamiento le hacían las veces encargándose de toda la organización festiva y quedándose con las sobras, por lo que las fiestas organizadas por este sistema eran toleradas como un mal menor, pero muy, muy justitas pues no se estiraban más de lo imprescindible buscando siempre el vino más barato, la caldera que sacaron el año pasado y el toro más pequeño. Estos jurados “profesionales”, tolerados y casi siempre auspiciados por el propio ayuntamiento, han sido descalificados en muchas ocasiones pero quizá haya que pensar en su descargo que desarrollaron un papel imprescindible para la pervivencia de la fiesta y que sin ellos quizá las fiestas no serían lo que ahora son.

Esta figura fue desapareciendo paulatinamente en la segunda mitad del siglo XX pero los problemas para buscar jurados siguieron existiendo de una forma más esporádica por lo que en determinados casos y tras agotar todas las posibilidades, no resultó extraño que el concejal y funcionario de turno convenciera a algún particular de que aceptase el cargo a cambio de alguna concesión municipal, viviendas, contrato de compra, promoción profesional…, maniobras de dudosa legalidad pero tan convenientes que jamás se han cuestionado.

Actualmente y conforme a los artículos 4 a 8 de las Ordenanzas festivas de 2002, las parejas que se prestan voluntariamente para ocupar el cargo de jurados de cuadrilla son convocadas por la Comisión de Festejos en la primera quincena de enero. Allí, si no hay otro candidatos quedan formalmente confirmados para el cargo, aunque es normal que se puedan producir otras dos situaciones: que haya más parejas interesadas en ocupar el cargo en una misma cuadrilla o bien que no haya ninguna con lo que tendremos que seguir aplicando lo que dice la ordenanza en cuestión.

En el caso de que haya varias parejas interesadas, dice el artículo 6 que se estimarán las siguientes circunstancias preferentes:

  • La vecindad en la propia cuadrilla.
  • Haber nacido en Soria.
  • Hallarse empadronado en la ciudad.
  • Otras que no se acaban de especificar más que diciendo “entre las que se entiende preferente el haber nacido en la Ciudad de Soria”, lo que ya ha generado situaciones un tanto desagradables como la de que una pareja investigue y arroje en la cara de la otra aspirante que no han nacido en la capital.

Si en este baremo todos coinciden, que ya es mala suerte pero que pasa, sólo queda confiar en la buena voluntad de los que quieran retirarse, y de no haber acuerdo se sorteará de forma definitiva e inapelable.

Cuando se llega al Sorteo sin 12 jurados

La otra posibilidad antes citada y más común de lo que sería deseable es que llegadas estas fechas no haya parejas de voluntarios que quieran ser jurados por lo que (aunque no lo diga el reglamento) lo primero es ofrecérselo a las parejas que en el sorteo anterior se han quedado sin premio. De ser rechazado la Comisión hablará con el jurado saliente para que entre los vecinos que entraron a fiestas en el año anterior y bajo su criterio personal entienda que estén interesados en el puesto, elabore una lista de tres nombres, la popular “terna”. Esta maniobra de poca efectividad, viene a ser lo mismo que se ha hecho siempre, preguntarle al jurado que a quien ve con posibilidades para que entre el concejal de turno, el jurado, los amigos y algún funcionario municipal que pasaba por ahí, liarle la manta a la cabeza y entre rondas de cerveza y tapas de aceitunas intentar convencerle de que acepte el cargo. Y es que habrá sido San Miguel quien más jurados de cuadrilla haya convencido, bueno y también Mahou, y Amstel, y Estrella Dorada… Pero luego pasa lo que pasa, que el aspirante a jurado se marcha a casa pensando en el diseño de su caldera y se encuentra con la fría realidad de que la aspirante a jurada le dice entre otras muchas cosas que no.

Así pues sea innecesario y estén listas o no las doce parejas, el primer sábado de abril a las 20:00 horas se celebra reunión extraordinaria de la Comisión de Festejos, abierta al público y celebrada en el Palacio de la Audiencia dada la masiva afluencia de vecinos, con asistencia de la Banda de Música que abre el acto al son de la sanjuanera El Pin, Pon, Pam que dará entrada a los aún jurados del año anterior. Se sigue con unas palabras del presidente de la Comisión, seguido por la lectura por parte del secretario de las ordenanzas citadas. Se van nombrando uno a uno a los voluntarios y después, si es necesario, se celebra el sorteo. Se emiten tres papeles en una urna con el nombre de los tres candidatos y se procede a su extracción por parte de un ciudadano.

El primer sábado de abril a las 20:00 horas se celebra reunión extraordinaria de la Comisión de Festejos, abierta al público y celebrada en el Palacio de la Audiencia.

Los interesados en el sorteo, generalmente presentes, suelen venir al acto con la decisión ya tomada previamente en el seno familiar, y suelen comunicarla verbalmente allí mismo al concejal de turno. Hay que tener en cuenta que el hecho de ser elegido no implica la aceptación del cargo ya que no hay norma escrita que así lo diga aunque más bien se trate de una obligación moral… Y mira que es fácil hablar de la moral de los demás y juzgarles cuando no nos toca de cerca. Pasado el Sorteo nadie parece entender a esos pobres vecinos que, suponiéndoles su sanjuanerismo, han decidido (como habríamos hecho la mayoría, reconozcámoslo) desentenderse del cargo y no verse así obligados a aceptar forzosamente una tarea que les obligaría a hipotecar un tiempo que quizá no tengan, y a preparar en menos de un mes todo lo que los otros jurados han ido preparando y madurando a lo largo de un año.

Pasado este trámite del primer acto sanjuanero, si toda ha ido bien y hay doce parejas que cumplan con los requisitos formales, las fiestas casi se pueden dar como listas para dar comienzo.

Pero, y no es algo infrecuente, ¿qué pasa si sigue sin haber doce parejas de jurados? Pues que la maquinaria municipal fichadora de jurados se pone en marcha y de una forma inexplicable extienda su red por toda la ciudad captando a cualquier incauto que en la barra de un bar haga una mínima mención a que no le importaría ser jurado. Y quien crea que es una exageración que haga la prueba, si se atreve.

¿Y qué pasa si sigue sin haber jurados? Pues lo veremos en el siguiente capítulo, pero antes decir que el acto del Sorteo finaliza con un pequeño desfile de la Banda de Música, la Comisión de Festejos y los nuevos jurados, que van hasta la plaza de Marianos Granados y vuelven al Ayuntamiento, al ritmo de las sanjuaneras, donde disfrutarán de un vino español.

Unos consejos para los jurados

A modo de anexo, convendría decir también que llegados a este momento del calendario y por si estas líneas animan a alguien a ser jurados, conviene ofrecer algunos consejos que seguro ya les han dicho, pero por si acaso hay alguno de última hora. Lo normal es que desde que el jurado ya sabe seguro que va a desempeñar el cargo habrá ido preparando todos esos aspectos relacionados con el cargo y que harán que sus fiestas sean inolvidables, los detalles que va a tener que hacer la pareja y los que puedan delegar tanto en amistades como en profesionales:

  • Hacerse cargo del local e invitar a todos los amigos para comenzar a distribuir el trabajo, organizándolos y estableciendo la jerarquía y las normas de antemano, incluyendo quien tiene las llaves pues no es raro que acabe habiendo tantas copias como colaboradores. En esa primera visita al local y tras la limpieza preceptiva, el jurado tomará posesión simbólica del local mediante la colocación del primero de los varios jamones que se consumirán en la cuadrilla y es que, junto con las cervezas que los acompañan, son elementos básicos que ayudan a sobrellevar con mejor cara la gran carga de trabajo, y facilitan la conversación con los vecinos y visitantes que se acerquen al local.
  • El jurado elegirá al secretario y a los cuatros, el resto tienen la consideración de colaboradores, pero a efectos de trabajo no hay distinciones.
  • El jurado y secretario salientes, a quienes si se dejan convendría fichar como colaboradores de confianza, ofrecerán los listados de vecinos y el callejero de la cuadrilla, pero sobre todo lo más valioso, sus vivencias, consejos y anécdotas.
  • Pensar en los motivos decorativos del local, incluido el famoso logotipo.
  • Buscar quien se encargue de tutelar a la jurada para confeccionar banderillas y cachirulos pues, reconozcámoslo, seguimos siendo una sociedad machista en la que sigue siendo ellas a las que se les encomienda todo lo relacionado con esas artes.
  • Reservar el grupo de dulzaineros y charanga, autobuses, cocedor de la caldera o cocinero que se encargue de las comidas para todos y de la mesa del Domingo de Calderas.
  • Encargar la decoración de las botas para ser usadas en el Catapán.
  • Ajustar el precio de las innumerables flores que se van a emplear, los trabajos de imprenta, elegir un presente para los hombres y las mujeres que se vistan de piñorras, o una bolsa de chucherías para los más pequeños.
  • Pactar con algún comerciante del centro para exponer el cachirulo y las banderiíllas.
  • Es útil contar con alguien que tenga una furgoneta o habrá que alquilarla para los transportes.
  • Hace falta de todo lo que te pueda ocurrir: bolsas de asas y de basura, manguera, rollos de papel secamanos, vajilla de usar y tirar, manteles…
  • Aunque los locales suelen estar bien acondicionados a veces hay que poner algún detalle más personal y en algunos de ellos se han visto hasta cunas, pero no es una vivienda y al final todo lo que sobra es un estorbo.
  • Una de las cosas más prácticas que hay es un tablón de anuncios en el que jurado o secretario ponen qué cosa y quién la hace cada día. Allí se anota quién hace las compras de comida, quién las flores, quien lleva el cartel, el reparto de los que van a apuntar a fiestas,…
  • Tampoco puede faltar desde el primer día el jamón y las cervezas, aunque como cosa práctica, muchos jurados y colaboradores reconocen que cada vez que entran en la trastienda del local lo primero que hacen es mirar el tablón de anuncios donde se organizan las tareas de cada grupo.
  • No es una imposición legal ni opción del jurado pero por sentido común dentro de los locales no se debe fumar.

Foto: Boletín Plaza Mayor nº 35 (1986).

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