Historia de las Fiestas de San Juan ❱

Las Bailas. Se acaban las Fiestas

Así ha evolucionado el último día de los Sanjuanes.

Por Alberto Arribas · Soria

27 junio, 2016 10:51 CET · Historia de San Juan comentarios
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El proceso iniciado hace unos días con la compra, traída, sacrificio, subasta y consumo del toro ya ha concluido pero como los sorianos seguimos teniendo ganas de fiesta y aún sobró algo de carne organizamos hoy una merienda en las praderas junto al Duero. Es el Lunes de Bailas que se completa por la mañana con la única función religiosa de estas fiestas tan paganas.

Antecedentes históricos

La jornada del Lunes de bailas resulta la más complicada de analizar pues a diferencia de otras jornadas que se conocen mejor sobre este día se ha escrito menos, hay menos datos, algunos no se pueden contrastar y hay importantes lagunas históricos por lo que intentaremos no equivocarnos, pero si se consigue el objetivo de conocer y entender la fiesta el objetivo estará cumplido.

El lunes siguiente a San Juan ha sido siempre un día importante para la ciudad y no precisamente por su componente festivo pues como establece el Fuero de Soria, en esta jornada se elegían los cargos del gobierno del concejo de la ciudad y aunque este proceso nada tenga que ver con las fiestas es posible que de alguna forma acabara convirtiéndose en un día añadido a las días que acababa de celebrar la ciudad.

No sabemos desde cuando es fiesta el Lunes, pero sí sabemos que ya lo sería hacia el primer tercio del siglo XVI pues las Ordenanzas de la emperatriz Isabel de 1535 hacen hincapié en limitar estas fiestas que duraban hasta el lunes “y aun algunas cuadrillas hasta el martes”.

No conocemos el desarrollo detallado de los festejos que se celebraría los Lunes de bailas de antaño pues las únicas fuentes bibliográficas son bastante discutibles. Lorenzo Aguirre en un artículo sobre el origen de las fiestas de San Juan que escribió en la publicación Recuerdo de Soria de 1882 recoge un documento inédito y hoy perdido del que no ofrece fecha ni autor y que sólo el consultó, en el que describe el desarrollo de las fiestas en un momento concreto cuyo estilo recuerda a los textos del siglo XVI, lo puede ser una somera referencia temporal para ubicarlo en el tiempo. Pese a que el Sr. Aguirre era un hombre serio y cabal que ofrece todas las garantías, de ese documento no se ha vuelto a saber por lo que la información que ofrece no puede tomarse con toda la seguridad. De todas formas el texto resulta muy interesante y en cuanto a los festejos que se celebraban el Lunes dice:

«El lunes siguiente la gente mas comun é ordinaria do algunas guadeillas porque acompañen á su mayordoma é bajan é Duero cojidas de las manos de cinco en cinco y de seis en seis, delante las gaardadamas é gaita é tamboril é bien compuestas é arreadas entran en la iglesia do Santo Joan junto á Duero, oyen misa, é despues en las riberas del rio almuerzan é baylan é hacen sus guirnaldas de flores é rosas é van subiendo con mucho regocijo é roido de acompañamiento de arcabuceros é piqueros disparando los arcabuces é otros tañendo instrumentos cada guadrilla fasta casa de la mayordoma donde la dejan, é de allí al toque de una campana van maridos é mugeres é comen juntos é abiendo comido nombran mayordomo y mayordoma para el año siguiente, é todo el día se guelgan é con lo que á sobrado de la comida é con lo que cada uno pone se van á cenar juntos con lo cual so da fin á las dichas fiestas, habiendo andado cuatro días con notable roido que parece no ay gente con juicio en toda el ciudad el dicho tiempo».

Coetáneo del anterior es el historiador Nicolás Rabal quien en su obra Soria. Sus monumentos y Artes. Su Naturaleza e Historia (Ed. Daniel Cortezo 1899, página 292), nos habla en pasado de cómo fue la celebración de esta fiesta en la antigüedad y nos dice que con las sobras y algo que se añadía prolongaban la fiesta hasta el lunes, día en el que se celebraba una romería femenina a San Juan de Duero.

Lorenzo Aguirre en su misterioso texto decía que el Domingo sí había romería de mujeres y sacadores de damas con misa en San Juan de Duero antes del desfile de las Calderas, proceso que se volvía a repetir el Lunes por la mañana. Sin embargo Nicolás Rabal –que no ofrece fuentes bibliográficas- no habla de la romería del Domingo a San Polo pero sí describe una muy semejante celebrada el Lunes.

Resulta muy extraño la celebración de un acto parecido en dos días consecutivos y citado únicamente por Lorenzo Aguirre y Nicolás Rabal, lo que induce a pensar en la posibilidad de que haya algún error o que esta romería del Domingo de Calderas a San Juan de Duero se trasladase al día siguiente pues la lógica impone que la mañana dominical estaría cargada de actos importantes, el desfile de Calderas, y la mañana del Lunes libre, por lo que es posible que coexistieran ambos festejos o que el del Domingo se trasladara al Lunes.

En cualquier caso parece haber suficientes indicios para probar al existencia de alguna fiesta laica o romería a San Juan de Duero el lunes siguiente a San Juan, jornada en principio de carácter femenina pero a la que se les unirían las autoridades el Común, lo jurados, y que después se ampliaría a toda la sociedad convirtiendo esa jornada en una festividad con algún componente religioso a la que acudían en grupos cogidos de las manos -como las peñas actuales- tras el cual comían, bebían y bailaban, dando así origen a la fiesta del Lunes de Bailas junto al Duero. Pero aunque esa escena guarde muchas semejanzas con la fiesta actual en la que parece tener su origen, el proceso aún evolucionó mucho hasta la forma actual pues siguió celebrándose aunque adaptándose a las variaciones que imponía la sociedad y cambiando el lugar de celebración.

En algún momento que no se ha podido precisar aquella romería con baile y comida evolucionó en dos actos completamente diferentes a desarrollar por la mañana y por la tarde.

A principios del siglo XIX la romería de San Juan de Duero se había alterado y tenía entonces su destino en el priorato benedictino de Nuestra Señora de la Blanca, patrona de las fiestas y que daba nombre a la cuadrilla del arrabal somero. No sabemos si en aquellos momentos fiesta y romería estaban ya desligadas o si se celebraban en el mismo ámbito, pero lo que sí se sabe es que en ese templo que se erigía donde ahora está la plaza de toros se celebraba un acto de homenaje de las cuadrillas a la Virgen de la Blanca, probablemente con misa y procesión, pero la Guerra de la Independencia obligó a introducir algunas modificaciones en la fiesta ya que el templo fue destruido. Tras la guerra el concejo de la ciudad adoptó el acuerdo de volver a celebrar las fiestas pero como ya no se podía celebrar en el lugar original la ceremonia se trasladó a la emita de la Soledad en la dehesa de San Andrés, lugar en el que se sigue celebrando.

Aquella procesión de los santos desapareció y reapareció a lo largo del siglo XIX y estuvo muchos años sin celebrarse hasta que por decisión municipal tomada en 1920 volvió a incorporarse al calendario festivo en la mañana del Lunes de Bailas. Unos años después, durante los años de las Segunda República, las reformas laicas de la época eliminaron esta celebración que se volvió a recuperar en 1939 tras la contienda civil y con un desarrollo muy parecido al que ya conocemos.

En cuanto al desarrollo de la fiesta pagana en la que se comía, bebía y bailaba, es posible que de San Juan de Duero se trasladase también a las inmediaciones del priorato benedictino tras la celebración religiosa pues hay indicios que apuntan a una celebración de este tipo en la zona de Santa Bárbara, pero también sabemos que en esa época no había un único lugar para celebrarlo pues la prensa de esa época ofrece noticias poco claras sobre la celebración de algún tipo de fiesta que se celebraba allí, en el Castillo, en la Dehesa y hasta en San Polo,

Nada se dice de este día en las Ordenanzas de 1873, aunque ya sí en las de 1899, que recogen: “… en la tarde del lunes inmediato, las cuadrillas acudirán a la Dehesa de San Andrés donde se celebrará la acostumbrada fiesta de las bailas”, asentándose ya definitivamente el término “bailas” que pasa a incorporarse al léxico soriano y al calendario festivo. Sin embargo, en aquella época la fiesta no gozaba de la gran popularidad que disfruta ahora pues se dice de ella en la prensa que “la fiesta de las bailas, tan divertida en tiempos y ahora tan decaída, se efectuará en la tarde del lunes en la Alameda de Cervantes”. Joaquín Alcalde en su artículo Soria de Ayer y hoy (El Mundo/ Diario de Soria 30/06/2013) recuerda que algún periódico de 1902 que decía que el Lunes de Bailas ya no existía, lo que parece una exageración pero que indicaría el escaso interés que el festejo despertaba del que, dice, que en 1909 la fiesta se da por desaparecida y que quien la festejaba lo hacía con una merienda en la Dehesa, en San Polo en Santa Bárbara o donde quisiera, lo que demuestra la falta de homogeneidad del festejo que recuerda más a un Jueves Lardero en el que cada uno lo celebra donde quiere.

Continúa diciendo que al final de la segunda década del siglo XX los sorianos recuperaron la fiesta en San Polo con presencia de la banda municipal asentando así la fiesta casi como se desarrolla en la actualidad pues se han perdido algunos elementos. El programa festivo del Lunes de Bailas de 1933 recogido en la prensa de la época no ofrece muchos detalles, sobre la fiesta, limitándose a informar que hubo concurso de dulzainas, excursión a las praderas de San Polo y bailes populares, seguidos de verbena en la Dehesa y quema de fuegos artificiales con traca final.

En cuanto al desfile de santos y posterior misa de cuadrillas fue recuperado el 3 de julio de 1939, primer Lunes de Bailas desde 1936, a iniciativa del entonces alcalde de la ciudad Sr. Ramos Matute. En ese año el acto consistió en que las cuadrillas se emplazaron en la iglesia de El Salvador para desde allí acudir hasta la ermita de la Soledad llevando la imagen de la Virgen de La Blanca, en cuyo atrio se instaló la imagen y un altar para celebrar una misa a la que asistieron las autoridades, jurados y público. Por la tarde se continuó el desarrollo habitual de unos años antes con merienda en la pradera de San Polo amenizada por la banda. Unos años después, en 1942, decidieron comenzar el desfile en la plaza Mayor dando así origen a la ceremonia que conocemos y con detalles que se desarrollarán más adelante.

Por costumbre damos por hecho que las cuadrillas asistirían a esa misa cada una con sus santos titulares pero alguna soriana con buena memoria que recuerda aquel Lunes de bailas de 1939 como si fuera ayer afirma con seguridad que no, que las cuadrillas asistieron sin imagen y cree que sería algo más tarde, probablemente en el citado año 1942, cuando ya llevaron las otras imágenes y desfilaron con ellas. Explica que como el acto era un homenaje a la Virgen de la Blanca, la otra imagen mariana de la procesión, la de la Virgen de la Mayor, no participó en el desfile, misa ni el acto de respeto posterior y que se dejó a la puerta de la iglesia y sin tener la seguridad, no cree que estuviera de espaldas como ahora. Dice, además, que en esos años mucha gente acudía a las Bailas a San Polo, pero que como ahora, muchos preferían estar más tranquilos en el Mirón, la Dehesa o en el Castillo.

Las protagonistas de esta mañana del Lunes son las doce imágenes de los santos de cada una de las cuadrillas, unas imágenes antiguas construidas en su mayor parte entre los siglos XVI y XVII que pertenecen a cada una de las cuadrillas y a sus vecinos, no a la Iglesia ni a ningún templo en concreto aunque alguna de ellas se cedan y guarden durante todo el año en las parroquias sorianas que es donde mejor se conservan. El matiz es importante pues durante mucho tiempo ha habido litigios y discusiones por su propiedad que ya han sido superados. Pese a haber sido restauradas en varias ocasiones, la antigüedad y malas condiciones de conservación hacen que, en general, su estado sea precario y en algunos casos muy malo. Algunos jurados las guardan en su casa todo el año con gran devoción pero otros las almacenan en cualquier trastero y no vuelven a acordarse de ellas hasta el año siguiente. Ninguna de las dos soluciones son adecuadas pues estas imágenes son antigüedades que hay que guardar en un lugar con unas condiciones de temperatura y humedad muy concretas por lo que los técnicos en restauración aconsejan la conveniencia de que el Ayuntamiento se haga cargo de ellas y se prepare una instalación adecuada para su conservación, llegando a aconsejar que alguna debe ser sustituida de inmediato y no andar por ahí, haciéndola bailar al sol de julio…

Las imágenes, según el orden habitual, son las siguientes:

La Cruz y San Pedro: se trata de una imagen de madera tallada, policromada, dorada y estofada que representa a San Pedro Papa con la iconografía clásica de sus atributos pontificales, la tiara-mitra de tres coronas y las llaves del Cielo en la mano izquierda. Va vestido con una gran capa, lleva una triple cruz como báculo y sobre el pecho una cruz. La imagen se fecha en torno a los finales del siglo XVI o principios del XVII, y está tallada conforme a los cánones de la Escuela Castellana. Tiene unas dimensiones de unos 100 cm. de alta por unos 50 de ancha.

Esta cuadrilla es el resultado de la fusión de las antiguas cuadrillas de La Cruz y de San Pedro ignorándose el paradero de la que sería la imagen titular de la primera si bien la memoria de los mayores recuerda dos posibilidades contradictorias: unos dicen que uno de los crucificados que hoy se guardan en la concatedral de San Pedro era la imagen de aquella, pero otros creen que no pues recuerdan que al menos hasta mediados del siglo XX uno de los objetos que se pasaban de mano en mano los jurados de esta cuadrilla era una gran cruz de madera, sin Crucificado, y que se decía que era la imagen titular de la antigua cuadrilla de La Cruz.

Santa Catalina: La imagen de la santa es del siglo XVII y se muestra con los símbolos del martirio, rueda y espada, y al pie derecho la cabeza cortada del tirano. Está realizada en madera policromada, dorada y estofada conforme a las características estilísticas de la Escuela castellana. Mide 112 cm. de alta por unos 58 de ancha. Es de la que están mejor conservadas.

La Mayor: La imagen titular de esa cuadrilla representa a Santa María, y su principal característica es que es una típica imagen mariana “de vestir”, es decir, no es una imagen tallada, es un armazón de estructura cónica sobre el que se colocaron la cabeza y las manos cruzadas con un rosario y que se viste con ropas dándole el aspecto de ser una imagen real. En este caso la datación resulta más dudosa apuntándose su factura en el siglo XVIII. Lleva cabello natural castaño y corona real de plata de ley elaborada en 1991. Algunos años ha sido guardada por los jurados, en otros casos se ha depositado en la iglesia de del convento de las Siervas de Jesús y últimamente en la parroquia de Santa María la Mayor.

El Rosel y San Blas: La cuadrilla surgió por la fusión de dos cuadrillas la del Rosel y la de San Blas.

Poco se sabe sobre los orígenes de la cuadrilla del Rosel y hasta se ha llegado a dudar de si existió alguna imagen con esa advocación aunque Miguel Moreno en su obra Todas las calles de Soria (1990) no tenía dudas y afirmó que sí existió una Virgen del Rosel hoy desconocida que, aunque no se le conoce parroquia, era una imagen venerada. No se conoce su paradero pero no sería extraño que estuviera almacenada el la sacristía de cualquier iglesia sin inventariar, colocada en algún retablo con otra advocación o destruida por algún iconoclasta.

La actual imagen titular de la cuadrilla es la de San Blas, una talla estofada, policromada y dorada según los cánones de la Escuela Castellana y construida a finales del siglo XVI que representa al santo con los atributos obispales característicos como son la mitra y el báculo. El santo viste capa y lleva un misal en su mano izquierda. Cuando sale de procesión se le suele colgar del brazo el típico roscón de San Blas cubierto de merengue. Mide 65 cm. de alta por unos 32 y por 21.

Santiago: La imagen representa al apóstol Santiago a caballo en su versión “matamoros” pues se muestra en actitud de ataque cubierto con armadura y casco. En la mano derecha lleva una espada que sustituyó a la antigua y en la izquierda un pendón real con fondo de raso blanco en el que aparece la cruz de la orden militar de su nombre, todo flanqueado por flecos dorados. Como la mayoría de las imágenes, está policromada, dorada, estofada, y tallada en madera en los finales del siglo XVII o principios del XVIII conforme a los cánones de la Escuela castellana. Mide 100 cm. de alta por unos 70 de ancha.

San Miguel: La cuadrilla sanjuanera, cuya advocación completa sería la del Arcángel San Miguel de Montenegro, representa a San Miguel Arcángel con casco, coraza, capa y espada pisando a dos demonios desnudos, uno masculino y otro femenino. A juicio de los restauradores va armado con una espada poco proporcionada que parece una adición posterior a la original. Comparte con el resto características estilísticas, materiales y época. Mide 140 cm. de alta por unos 61 de ancha. Algunos vecinos de la cuadrilla y devotos de santo, acostumbran a mandar flores a casa de los jurados en la fiesta del 29 de septiembre.

San Juan: San Juan Evangelista es el santo patronímico de esta cuadrilla y no se debe confuir con San Juan Bautista a quien están dedicadas las fiestas. La imagen titular es una talla de madera policromada fechada en el siglo XVII o XVIII que sostiene en su mano izquierda un cáliz y en la derecha una pluma, símbolo de su condición evangelista pero que no parecen propios de la talla original, como tampoco lo es la corona de santidad que lleva tras la cabeza. Para el desfile de hoy puede llevar un ramo de azucenas en vez de la pluma. Mide unos 100 cm. de alto por unos 35 de profundidad y 46 de anchura.

Santo Tomé, San Clemente y San Martín: cuadrilla de triple advocación resultado de la fusión de tres cuadrillas. Respecto a la imagen original de Santo Tomé nada se ha podido averiguar. De la de San Clemente tampoco pero se cree que no era la misma que presidiría la antigua parroquia que hubo en la plaza homónima, desaparecida como las imágenes. La que se conserva es la imagen de San Martín compuesta por una escena artística con dos imágenes que representan al santo Martín de Tours en la clásica escena que narra su hagiografía como un jinete montado a caballo que con la espada corta su capa para entregarle la mitad al otro personaje de la escena, un mendigo semidesnudo que representa a Cristo. En la escena habitual suele representársele también con un perro, figura que si la hubo ha desaparecido.

Los informes de su restauración ofrecen una fecha concreta, 1659. La talla de San Martín mide 97 cm. de alta por unos 40 de ancha y 73,5 de profundidad y la del mendigo mide 64x24x28.

San Esteban: La imagen titular de la cuadrilla ha sido fechado a finales del siglo XVI aunque otros investigadores fechan su talla un siglo más tarde. El santo aparece vestido con atuendo litúrgico de diácono con palma de mártir en la mano derecha y en la izquierda misal abierto. Está realizada en madera policromada, dorada y estofada con un estilo que recuerda al de la Escuela Castellana. La talla mide 78 cm. de alta por unos 20 de ancha y 55 de profundidad.

La festividad de San Esteban se celebra el 26 de diciembre y, al menos, en esa jornada de 2015 una imagen del santo diferente fue procesionada por la cuadrilla en algunas calles de su jurisdicción.

El Salvador: Aunque las facciones del rostro de la imagen recuerden a la de un niño, la imagen representa a Cristo Salvador ya resucitado que lleva en su mano izquierda una bola del mundo rematada con una cruz y la derecha alzada en posición de de bendecir. Apoya su pie derecho sobre la cabeza de un ángel y porta corona que debe ser adición reciente pues se recuerda a mediados del siglo XX que se le perdió pero fue procesionada algún año sin ella por lo que se le colocaría la que lleva que puede ser otra o la original que fue hallada. Comparte con el resto características, estilo y época aunque en este caso se puede ajustar más pues la fecha que lleva en la peana, 1687, puede corresponder a la de la obra. La talla mide 75 cm. de alta por unos 24 de ancha y 30 de profundidad.

Santa Bárbara: la cuadrilla de la santa tiene su sede en la ermita homónima situada hasta hace poco fuera del casco urbano. Se trata de una imagen realizada en madera, dorada y policromada que representa a la santa con su brazo derecho semidoblado creando un hueco donde se le colocan unas espigas de trigo que lleva cuando se procesiona, y apoya su mano izquierda sobre una torre pues se le achaca construir una torre de tres ventanas que representaban la Santísima Trinidad. Es la más antigua de todas las imágenes sanjuanera pues se remonta a mediados del siglo XVI.

En la parroquia y ermita del mismo nombre se guardan otras dos imágenes distintas de la santa. Una tradición dice que la imagen de la cuadrilla fue la titular de la ermita y que como la cuadrilla no la devolvía tuvieron que colocar otra y que como gustaba más fue cambiada la una por la otra ignorándose ya cual es la original. A los miembros de la cofradía de Santa Bárbara les gustaría que la imagen se guardase allí todo el año.

La Blanca: Santa María de la Blanca es la patrona de las fiestas de San Juan y a la que el resto de imágenes, salvo La Mayor y El Salvador, le rendirán pleitesía en la procesión del Lunes. La imagen, actualmente custodiada en la capilla de los Valles de la iglesia del Salvador sería supuestamente la imagen original de la iglesia del desaparecido convento benedictino al que acudieron en el pasado las cuadrillas el Domingo de Calderas, un templo que pasa por ser el primero que se construyó en Soria y que no aparece en las relación de parroquias de 1256 lo que no quiere decir que no existiera sino que no disfrutada de esa categoría parroquial. Decimos supuestamente pues la imagen desaparecería en las revueltas de la Guerra de la Independencia pues la actual es la más moderna de todas pues está construida en el siglo XIX.

Se trata de una imagen del tipo “de vestir” que sólo trae talladas la cabeza y las manos siendo el resto un armazón. Lleva pelo natural negro y sobre su cabeza corona real de plata. El jurado de la cuadrilla debe recogerla allí unos días antes para tenerla en el local o el dia previo pero se devuelve el Lunes de Bailas al acabar el desfile por las calles de la cuadrilla. Una costumbre antigua que se resiste a desaparecer es que al devolverla a su hornacina se le rinde pleitesía y los jurados le bailan una jota en el interior de la iglesia.

Desarrollo actual

Como es habitual, a las 8 de la mañana toca dar diana por parte de las charangas, jurados y colaboradores oque recorren las calles de la cuadrilla repartiendo a los presentes moscatel, anís y pastas, una diana que tiene de especial que es la última por lo que los jurados intentarán participar aunque lo habitual es que a esas horas se estén arreglando para el solemne acto de la mañana.

Tras la diana y almuerzo de los músicos las cuadrillas deben prepararse para comenzar un desfile más, tanto o más elegante que el de ayer pues el protocolo exige que las mujeres lleven traje regional o vista de largo en negro, media negra, teja y mantilla. El resto, todos con el mismo estilo o de calle o de piñorros, pero el protocolo sí aconseja que los cuatros y amigos que participen vistan el traje regional. Las piñorras que participen hoy, muchas menos que ayer, también prescinden del mantón de Manila sustituido por una mantilla o mantillo pues así lo indica la norma al tratarse de asistir a misa, procesión o ceremonia religiosa. Otra diferencia es que para este acto cada cuadrilla lleva sobre unas andas la imagen de su santo o santa decorado con flores frescas, misma decoración que suele poner al cartel/ arguijuelo de cada una. Además de los adornos florales, es costumbre que Santa Catalina lleve unas cintas blancas, San Miguel una azucena, San Blas un rosco típico del que conviene llevar varios para ir cambiándolos según se rompan, y Santa Bárbara, además de las flores, lleva unas espigas de trigo.

A las 10´30 las cuadrillas se emplazan en la plaza Mayor, todas excepto la de la Blanca que en su papel de anfitriona del acto acudirá directamente al atrio de la Soledad con sus músicos y colaboradores. Desde allí se organiza el desfile de cuadrillas que se dispone con el orden habitual cada una con su propia imagen. Pero a la Soledad no marcharán todas las imágenes pues la de la Virgen de la Mayor se quedará allí, junto a su templo y dando la espalda a la casa consistorial.

Toda la comitiva desfila ordenadamente y al son de himnos religiosos hasta la ermita de la Soledad donde se celebra una misa. Allí ya se encuentra la imagen de la Virgen de la Blanca, situada en el centro del atrio, junto a la puerta y mirando al exterior. También esperan los jurados de ésta y el alcalde de la ciudad que dan la bienvenida a los otros jurados que se disponen a la sombra en los bancos reservados que se han colocado al efecto en el atrio del templo, y sus imágenes que se colocan dentro del perímetro sobre unas mesas. Aunque no lleven su imagen sí acuden los jurados de la cuadrilla de La Mayor.

Cuando acaba la misa todos se dirigen de vuelta hacia la plaza Mayor. Hasta 2008 el desfile de las cuadrillas con sus santos se celebraba siguiendo el orden tradicional, con lo cual casi todas las cuadrillas debían esperar al sol de la plaza Mayor a que le tocase el turno a los jurados y cuadrilla de la Blanca y comenzase el homenaje, pero al año siguiente los jurados decidieron romper ese protocolo y tras la misa, la cuadrilla de la Blanca comenzó el desfile la primera para disponerse en su sitio, con lo que se acortó mucho esa ceremonia, lo que agradecieron todos pues después hay que llevar las imágenes por todo el barrio.

Pero no adelantemos acontecimientos. Al llegar a la plaza Mayor la cuadrilla de La Blanca se coloca junto con su imagen en la escalinata del Ayuntamiento sobre una mesa que a modo de mantel lleva la bandera de Soria, acompañada de su jurado y jurada, miembros de la cuadrilla, músicos de ésta, autoridades religiosas simbolizadas en los sacerdotes que han celebrado la misa, y miembros del Consistorio. Las demás cuadrillas pasan desfilando delante de ella en el orden protocolario y al pasar a la altura de la Blanca se giran hacia ella y una genuflexión o reverencia de cabeza, santo titular incluido. Los de la cuadrilla de la Mayor, que no llevan su imagen, pasan delante de La Blanca y deben cumplir la pleitesía aunque últimamente por descuido o nuevas costumbres pasan sin inmutarse, como los de la Cuadrilla del Salvador, que sí llevan su imagen, pero tampoco rinden homenaje a La Blanca. La explicación está en que según la jerarquía eclesiástica, el Salvador, Jesucristo, está por encima de la Virgen de la Blanca y un superior no debe rendir homenaje a un inferior, misma razón que hace que la imagen de la Mayor se quede de espaldas a todos pues tiene el mismo grado en el santo escalafón, y que los miembros de esta cuadrilla tampoco rindan pleitesía a la Blanca. La Virgen María es la misma tenga la advocación de la Blanca o de la Mayor y no puede rendirse culto a sí misma, pero el hecho de que la Virgen de la Blanca sea la patrona de las fiestas la hace merecedora especial del tributo de las demás cuadrillas.

Esta explicación niega categóricamente ese chascarrillo popular que dice que la Virgen de la Mayor está enfadada con la de La Blanca porque ésta última le quitó un novio y que sigue escuchándose año a año.

Las cuadrillas suelen hacer una ofrenda floral que deposita la jurada a los pies de la Virgen. Hasta que llegan a la altura de la Blanca las charangas tocan música religiosa pero en cuanto se hace la pleitesía los músicos dan un giro brusco al estilo musical y comienzan a tocar la sanjuanera del Lunes de Bailas,

Cuando han desfilado todas las cuadrillas les siguen las peñas que desfilando ordenadamente, bajan sus pancartas a modo de homenaje al pasar delante de ella. Algunas les ofrecen ramos de flores y la del Cuadro, suelta globos de color amarillo y palomas, aprovechando la ocasión para ir al Espino a rendir homenaje a sus compañeros fallecidos y llevarles flores.

Cuando acaba el homenaje la cuadrilla de La Blanca se va Collado arriba hacia su barrio, y cuando ya ha pasado los de La Mayor recogen su imagen y se van a desfilar por el suyo como cada una de las cuadrillas. En este último desfile de las fiestas cada cuadrilla con sus jurados debe recorrer obligatoriamente todas las calles de su jurisdicción pues si a alguna no llega sus vecinos se negarán a pagar la tajada y no querrán entrar en fiestas. No se pueden dejar ni una casa aislada cuyos residentes hayan entrado en fiestas, gesto que suelen agradecer convidando a la cuadrilla a un refrigerio. Esta ruta debe hacerse aún en las pedanías y no es raro que se extienda hasta las 15 horas de la tarde. A esa hora ya se da por extinguido el contrato con los músicos de las charangas de cada cuadrilla que ya se han merecido un justo descanso, como también se lo han ganado las cuadrillas que pese al cansancio lo hacen con pena pues será el último de sus desfiles. Bueno para los jurados no.

Afortunadamente el acto de homenaje a los jurados que se celebró durante algún tiempo a estas horas fue cambiado de día pues en esos casos a las parejas de jurados les resultaba totalmente imposible cumplir con sus vecinos.

Finalizado el desfile los miembros de cada cuadrilla regresan al local de cuadrilla para comer y descansar pues prácticamente todo el trabajo ya está hecho, pero a la misma hora los demás sorianos han acabado de comer y están ultimando los preparativos de la merienda pues esa tarde toca merendar en la pradera llamada de las Bailas situada a la orilla del río Duero a medio camino de la ermita de San Saturio.

La quedada general es las cinco de la tarde en una plaza Mariano Granados que se queda pequeña para tanta gente, mayoritariamente joven, que exprimen la fiesta al máximo bailando y cantando mientras bajan hacia el río, arrojándose agua o pidiendo a los vecinos que la arrojen por las ventanas. No es raro que por la mañana haga un sol de justicia y por la tarde caiga una tormenta, pero apenas restará asistentes que calados ya seguirán pidiendo agua.

Los miembros de las seis peñas de las fiestas serán esta tarde los encargados de encauzar y ordenar con su música la inmensa marea humana que se dirige hacia las Bailas. En un gesto de hermandad acuden todos juntos haciendo sonar a la vez las charangas como si fuera una sola que, como no puede ser de otra forma no paran de tocar aquello de “La tarde del Lunes, Lunes de San Juan/ todos los sorianos a las Bailas van…”

Independientemente de la comitiva de las peñas que no comienzan a tocar hasta que pasan los músicos municipales, la Banda inicia un desfile desde la plaza de Mariano Granados hasta la plaza Mayor, y en autobús se dirigirán hasta el tablado montado para que toquen esta tarde junto al Duero donde mucha gente ya les espera.

Esa era la comitiva oficial pero muchos sanjuaneros siguen su recorrido particular por la calle Real sin dejar de tocar salvo en los descansos obligados en los bares del camino. El cansancio acumulado de estos días, el calor, el vino o todo a la vez harán que pese a las intenciones no todos lleguen hasta el río. Algunos se detendrán un momento para tomarse un respiro y perderán todo el fuelle que les queda.

En torno a las seis de la tarde la banda ya estará tocando sus sanjuaneras en unas praderas enormes que se quedan pequeñas para la ocasión y, como dice la popular sanjuanera “entre baile y baile un descanso corto para merendar”.

Conforme anochece la banda termina de tocar y se marcha al centro de la ciudad para ir despidiendo la fiesta, y con ella la mayor parte de los asistentes se va retirando hacia el centro de la ciudad mientras unos pocos se resisten a dar la fiesta por terminada y se quedarán recogiendo con la gente del Chicote hasta que el cuerpo aguante. Hasta hace poco esta subida se hacía en un animado desfile con bengalas de colores pero año a año este desfile espontáneo va perdiendo poco a poco la grandeza que tenía hace sólo veinticinco años. Es posible que mucho tenga que ver la decisión de eliminar las bengalas de colores que si bien daban una nota de color al desfile entrañaban unos riesgos difíciles de asumir por el Ayuntamiento en estos tiempos de continuas demandas y reclamaciones.

A las 22´30 la banda, las peñas y muchísimo público se vuelven a concentrar en la plaza Mayor para partir a lo alto de la Dehesa en donde, al llegar, se quemará la segunda y última colección de fuegos artificiales.

Finalizada la pirotecnia, a las 2 de la madrugada antaño y a las 12 de la noche desde 2001, la banda de música comienza el último acto de las fiestas con el desfile que lleva de la Dehesa hasta la plaza Mayor. Van acompañados por los jurados, ya vestidos con ropa de faena y por los miembros de la comisión municipal de festejos, seguidos por todo el público. Al llegar jurados y ediles se colocan en la escalinata del ayuntamiento y debajo esta tribuna la banda que interpreta las canciones de los días de San Juan. Al llegar al pasodoble “Adiós, adiós, San Juan”, canción que da nombre propio a este acto, los sorianos solicitan uno y otro bis, y algunos jurados no pueden contener las lágrimas pues esto se va, y definitivamente cuando ya suena la traca final. Las verbenas de las peñas aún durarán un rato más pero para muchos toca retirada que mañana hay que trabajar.

Hasta hace veinticinco años el final de la fiesta se representaba físicamente también cuando los sorianos se quitaban el pañuelo y lo quemaban, una costumbre imitada por analogía a las de otros festejos famosos, pero si no del todo ya prácticamente ha desaparecido.

El día de mañana también es día con nombre propio, Martes a Escuela, jornada que los que pueden emplean para dormir, descansar y recuperarse. Sin embargo en las cuadrillas no se cierra pues además de limpiar y recoger, jurados y secretario tienen que hacer balance, echar las cuentas del repartimento o tajada que se va a cobrar a los vecinos, pagar a distribuidores, atender al público… Aunque la fiesta haya acabado seguro que queda cerveza en el barril y carne en las cámaras que no se puede desperdiciar y se puede celebrar cualquier cosa, por ejemplo que ya sólo quedan 360 días para que vuelvan a comenzar las fiestas.


Alberto Arribas es miembro de la Asociación de Amigos del Museo Numantino. 

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