Historia de las Fiestas de San Juan ❱

Domingo de Calderas

El día de más esplendor.

Por Alberto Arribas · Soria

27 junio, 2016 10:47 CET · Historia de San Juan comentarios
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No hay día de más esplendor que el Domingo de Calderas, dice la sanjuanera del día, y es cierto pues es el día grande de las fiestas, día en el que culmina todo el proceso festivo con la preparación de la carne del toro convenientemente guisada para ser consumida por todos los miembros de la cuadrilla. Esa es la esencia del Domingo de Calderas pero una vez más, las cosas en fiestas de San Juan son mucho más originales.

Antecedentes históricos

A lo largo de la Historia el Domingo de Calderas ha recibido otras denominaciones como la de Domingo de Caridad pues además de la caldera comunal era día en el que los vecinos de Soria convidaban a comer a los pobres de la ciudad. Lo original y lo que da sentido propio a la fiesta es la forma de organizar este banquete en el que participaban todas las cuadrillas que organizaban su propio guiso en sus barrios o en el Campo de San Francisco y después tomaban literalmente la caldera en la que habían hecho el guiso para llevarla a un lugar en el que se emplazaban todas y desde allí organizar un desfile, o más bien una procesión pues tenía su carácter religioso, en el que cada cuadrilla desfilaba con su santo titular, párroco, vecinos y precedida de un joven que llevaba un arguijuelo con roscas azafranadas. El desfile hacía una parada en el priorato benedictino de Nuestra Señora de la Blanca, una iglesia monacal hoy desaparecida que se encontraba donde ahora está la plaza de toros. Allí las calderas recibían la bendición eclesiástica y marchaban a la Dehesa para comer.

Es un día grande y solemne para todos los sorianos. Ya consta así en las ordenanzas, nunca obedecidas, de la emperatriz Isabel en 1.536, en las que se recomienda que la procesión deba ser de gran boato. Estas ordenanzas deben ser la referencia más antigua a la celebración del Domingo de Calderas que, probablemente, ya se celebrara desde mucho antes, y que han sufrido algunas variaciones importantes a lo largo de la Historia.

Una de esas costumbres desaparecidas hoy era la celebración de una procesión a San Juan de Duero en la que sobre todo participaban mujeres y sacadores de damas que se celebraba antes del desfile de las Calderas. En principio aquel era un acto devoto pero que celebrado en medio de una fiesta pagana solía acabar de una forma bastante más irreverente.

La romería a San Juan de Duero del Domingo de Calderas (en el apartado correspondiente al Lunes de Bailas veremos la posibilidad de que se trasladara de día) se celebró hasta principios del siglo XVII cuando fue suspendida por decisión de la autoridad civil en 1608 para reducir gastos fue la causa oficial pero por lo visto también tenía mucho que ver el hecho de que las orillas del río eran también empleadas para esas actividades mucho más carnales que espirituales. En ese año se impusieron una serie de reformas a las fiestas eliminando estas romerías como los oficios cuadrilleros de servidores de damas y sacadores de mozas, pero además para limitar el gasto de las fiestas se decidió retirar la carne cocida de la caldera que se daba a los pobres sustituyéndola por carne cruda, pan y vino, decisiones que se aplicaron a partir del año siguiente.

Tras la romería a San Juan de Duero, mientras la hubo, las cuadrillas partirían desde su barrios a la plaza Mayor donde de iniciaría el desfile en el que participaban todos los vecinos. Como ahora, cada cuadrilla estaba precedida de un pendón, estandarte parroquial o mozo con un arguijuelo decorado con flores y tortas azafranadas. Tras él la caldera, llevada entre los cuatros decorada con un arco de flores sobre unas andas, y detrás los mayordomos con músicos (gaitas gallegas dice algún historiador como Gregorio Argaiz). El desfile recorrería el centro de la ciudad ara salir por la puerta del Postiguillo hasta la iglesia monacal de Nuestra Señora de la Blanca que existió, hasta 1812, en el mismo lugar en el que ahora está construida la plaza de toros.

Al llegar a la iglesia el capellán de aquel templo bendecía cada caldera, daban una vuelta al templo y pasaban a celebrar la eucaristía donde había música y danzas de hombre, no de mujeres, perdidas hace siglos y que nos recuerdan los bailes que sieguen celebrnádnose todavía en algunos pueblos sorianos.

Tras la misa salían las cuadrillas en el orden protocolario con sus vecinos, santos y calderas, y se dirigían a la Dehesa de San Andrés donde repartían la comida reservando una ración para los pobres, tras lo cual se celebrarían bailes y juegos antes de regresar a casa.

El historiador Gregorio de Argaiz (folio 177 de las Memorias Ilustres de la Santa Iglesia y Obispado de Osma..escrito en 1659) cree que el origen de esta comida (que por cierto, dice que es para lo pobres, no para los vecinos) y por lo tanto el origen de las fiestas de San Juan debe buscarse en una antigua costumbre empleada en España para declarar a alguien noble y que consistía en darle licencia para levantar pendón y caldera, “El pendón para poder hacer gente de milicia y la caldera para irlos en la guerra sustentando a su costa. Y como los caballeros de Soria fueron siempre tan nobles por sus hazañas heredadas de sus padres y por las adquiridas de sus personas usaban de esta ceremonia de cuadrilla y pendones, calderas el dicho día para que se conozca que siempre se igualaron en el valor a los ricos hombres de Castilla…”

El desfile de Calderas era entonces más una procesión que un desfile festivo y a tal efecto, el canónigo maestro de capilla y organista de la colegiata de San Pedro, Miguel Antonio Osanz, compuso a principios del XVIII una pieza musical de carácter religioso específica para ser tocada en esta jornada festiva, lo que en cierto modo puede considerarse como un antecedente de las canciones sanjuaneras (Detalles en el Catálogo de la Exposición Las Edades el Hombre, “La Ciudad de Seis Pisos” celebrada en El Burgo de Osma durante 1.997, página 325).

En otros capítulos de esta serie ya hemos comentado que las fiestas están dedicadas a San Juan Bautista, pero que además han recibido el nombre de fiestas de las Calderas, de la Madre de Dios y, entre otros de la Visitación de la Virgen María a Santa Isabel. Sin entrar a valorar hoy las posibles advocaciones vamos a fijador un poco en la última y es que aunque el principal motivo festivo del día es la realización de esa comida común, el motivo de celebrarla en estos días corresponde según algunos a celebrar esa visita de Isabel a María. Lo dice el historiador Diego Marrón, un canónigo del cabildo de la Colegiata de San Pedro que escribió en 1582 una obra titulada Cosas curiosas de la antigüedad de la Colegial y Ciudad de Soria que aunque contenga información histórica un tanto sospechosa, ofrece información sobre este día de las Calderas que al menos hay que recoger.

Dice en ese texto inédito (folios 125 y 126) que el origen de esta procesión de las Calderas era el de conmemorar la visitación de María a su prima Isabel, jornada religiosa que la Iglesia católica celebra el 31 de julio pero que aún se celebra en muchos pueblos en su fechas originales de primeros de julio, de la misma forma que se celebró en otros pueblos de Soria como en Almazán el domingo siguiente al de San Juan.

En los folios 125 y 126 nos dice que las entonces dieciséis cuadrillas acudían con su imágenes titulares en procesión a la citada iglesia que él llama –erróneamente según nuestro punto de vista- Nuestra Señora del Mercado, todo bien vestidos y arreglados y llevando ofrendas de pan y velas.

Sobre los nombres de las fiestas aun tenemos otra advocación religiosa, la de la boda de Santa María con San José, advocación ofrecida por Francisco Mosquera de Barnuevo en su Numantina publicada en 1612 quien en su Canto Vº ofrece una descripción en verso de la fiesta que quizá fue un tanto alterada para lograr una buena rima por lo que quizá no debe tomarse literalmente.

Otra costumbre tradicional que se mantuvo durante siglos hasta mediados del siglo XX era la de dar la caridad, es decir, dar de comer a los pobres que lo solicitasen, costumbre documentada al menos desde el intento de Ordenanzas de 1536 pero que es probable que ya existiera anteriormente.

Según los acuerdos de la cuadrilla de San Esteban de 1546, la caridad de ese día consistía en ofrecer 330 raciones de pan blanco, las mismas de carne y 6 cántaras de vino, cantidad que si no era servida obligaba al mayordomo a pagar una multa establecida en un ducado. La cantidad debía ser por cuadrilla y proporcional al número de vecinos pero en caulqueir caso nos hace pensar en que ese día se ofrecían miles de raciones, lo que en una población como Soria en la que no se estima tal nivel de pobreza nos hace pensar que en esa jornada acudieran pobres de otros lugares y que se incluyera también el menú para hospicianos, presos, enfermos…

La costumbre de dar de comer y beber a los pobres se mantuvo al igual que muchas costumbres caritativas y más o menos sabemos que subsistió hasta mediados del siglo pasado. Juan Antonio Gaya Nuño en su santero de San Saturio (1953) escribió: “Los pobres tienen derecho a ración de caldera, que se les sirve, aún más lógicamente, en la plaza de toros; pero no les dan carne de astado, sino de inocentísimo cordero, como si los menesterosos no tuvieran derecho a nueva sangre y nuevos bríos con el alimento del toro sagrado”.

El desfile de las doce calderas se completaba con una más que aportaba el Ayuntamiento para darles de comer en ese día a los pobres. Durante algún tiempo no acababa en la Dehesa pues mantener la dignidad de los que la consumían y no mostrar su necesidad delante de todos los demás, el reparto se hacía en la plaza de toros generalmente ofrecido por señoras y señoritas de lo más granado de la alta sociedad soriana. En las últimas ediciones se llevó a repartir a la Dehesa pero en una zona distinta al del resto de Calderas donde los empleados municipales colaboraron en trasladar la comida que fue repartido por señoras de algún colectivo, quizá de la Sección Femenina o de la Acción Católica. El menú básico era paella proporcionada por el ayuntamiento, además de otros productos que regalaban empresas de Soria como pan, vino, cervezas, refrescos, pasteles, chucherías, puros, anís y coñag, pero no se consumían allí mismo, la mayoría prefería llevárselos a casa.

Lo que también ha cambiado ha sido la entrega de la tajada cocida. En primer lugar se desconoce desde cuando se entrega pues a principios del siglo XX consta la entrega de una tajada el Domingo de Calderas, probablemente la cocida. Maximino Miguel, en el artículo Mi opinión escrito en la revista ilustrada Las Calderas de 1903, decía: “…entre el ruido de vivas y de música, desde la casa de los Jurados al paseo donde se reparte la tajada por los cuatros entre los vecinos que forman las cuadrillas”. El complemento que se entrega formado por un tallo de chorizo, una barra de pan, un huevo y una botella de vino es algo posterior y debido a una decisión municipal para lograr que en todas las familias, aún en las más humildes, pudiera celebrarse con algún extraordinario el día de las Calderas, dada la penuria económica que entonces atravesaba la ciudad. José Antonio Martín de Marco en su
Diccionario de términos sanjuaneros. Glosario del vocabulario festivo (Soria 1.999, página 61) dice que el acuerdo municipal fue adoptado en 1918 y que se hizo reflejar en todos los libros de cuadrilla.

Se ha dicho, y es compatible con lo anterior, que el acuerdo se hizo por la gran necesidad de muchas familias que no entraban en fiestas y que con esa medida resultaba más rentable hacerlo, y que fue el Ayuntamiento quien dio a cada cuadrilla para el almuerzo del Domingo un kilo de chorizo, cinco kilos de pan, dos docenas de huevos y dos arrobas de pan, además de facilitar al jurado la compra del toro, cohetes y música.

Este reparto de la tajada cocida que se hace hoy en el local de la cuadrilla es sensiblemente diferente a los de antaño. Joaquín Alcalde en el artículo El reparto de la tajada (El Mundo/ Diario de Soria 03/07/2011) dice que hasta mediados del siglo XX todas las cuadrillas salvo la de la Cruz y San Pedro y la de Santa Catalina, tras el desfile y la prueba de la autoridad repartían la tajada cocida en la Dehesa pero que ya no era cocida allí. En aquella época se disponían en la pradera de la Dehesa detrás del Orejas donde están las secuoyas. Añade que tras el desfile, las dos citadas cuadrillas que no habían hecho el reparto en la dehesa regresaban a sus locales para hacerlo allí y, como curiosidad, dice también que el vino se repartía a granel y que había que llevar botella, jarra o bota. Es posible que el reparto de este día diera fina a la comida común de todos los vecinos pues sorianos nacidos en el primer tercio del siglo XX no la conocieron más que por referencias de sus padres.

Algunas cosas más han cambiado en el desfile, más bien detalles. En las Ordenanzas de 1873, artículos 14 a 16, se dice que el Domingo de Calderas “… tendrá dispuesto el Jurado la Caldera que procesionalmente y con la mayor lucidez posible conducirá antes de las siete de la mañana al sitio de costumbre.. el Jurado con los Cuatros, Alumbradores y Mozos de la Cuadrilla, con un Sacerdote, bajará a la Colegiata de San Pedro con su imagen para asistir a la Procesión”. Unos años después, en las Ordenanzas de 1899, la hora de llevar la caldera era algo más tardía, las ocho y media, pero ya no determina la presencia del sacerdote ni de la imagen titular.

El menú clásico, al menos el que se recuerda a principios del siglo XX, era carne de toro además pollo o gallina, después veremos a qué corresponde el matiz, guisada y aderezada con especias, pimientos y huevos cocidos. La cazuela, olla, puchero o caldera en la que se preparaba servía como sistema de transporte. Cabe suponer que en sus orígenes se llevaría de cualquier forma y que algún momento a alguien se le ocurriría llevarla en unas andas, quizás las mismas que se empleaban para llevar las imágenes de los santos, y que esas andas se decorarían con flores, frutas, tortas azafranadas, cintas de colores, lo que con el paso de los años derivó en la complicadas maquetas florales de carácter monumental que se pusieron de moda a partir del siglo XX.

Cada cuadrilla instalaba su cadera en un lugar reservado en la Dehesa donde se disponía la mesa con el guiso además de otras viandas, pan y vino, que no podía faltar, tortillas, escabeches… que antes que por los vecinos era probada por las autoridades que tras su paso daban inicio a escenas que no han cambiado tanto, y es que se recuerdan Domingos de Calderas de antes de la Guerra Civil en los que a esta invitación a los presentes le llamaba saqueo.

Por la tarde hay novillada y después corrida de toros.

Antes y durante el desfile de las calderas los vecinos de la cuadrilla pasarán por el local de cuadrilla para recoger, esa ve sin sorteo, una bolsa que contiene una tajada cocida, una botella de vino, un huevo duro, un tallo de chorizo y una barra de pan. La costumbre de esta entrega comenzó en 19XX

la tajada cocida se hace con la carne de piernas y paletillas) para mañana pero ¡ojo!, no cerrarlas por que sino la carne se pudre. Desde que Mataso hace la tajada cocida (más o menos desde 1992), ya no hace falta todo esto. Por cierto que esta empresa cuece las tajadas en agua con un poco de sal, zanahoria, cebolla, puerro, vino blanco, azafrán y un poco de coñac.

Premios ala mejor caldera, se sabe que en 1933 era de 50 pesetas y que en las ya comentadas proposiciones de los jurados de 1956 se mejoraron los premios. También propusieron que la novilada vespertina fuese sustituida por una corrida de toros aunque la Comisión de Festejos prefería la opción de una novillada picada de calidad con precios asequibles pues la experiencia les hacía pensar que las corridas de toros salían muy caras y no se garantizaba el espectáculo. No se mantuvo esta opinión mucho tiempo pues al año siguiente ya hubo corrida de toros.

Desarrollo actual

La costumbre, que tiene más un siglo, de convertir la caldera en un monumento artístico precisa una planificación que lleva meses. Normalmente son los jurados los que ofrecen unas líneas generales de lo que quiere a sus colaboradores que comenzarán a idear y preparar semanas antes la estructura, el armazón y la decoración que llevará su caldera y que, obligatoriamente, debe llevar una caldera de cobre mejor que de hierro, una figura que represente el sol y rosas, que son mucho más típicas en esta época del año que las margaritas y los claveles que también abundan. Las flores deben estar frescas por lo que aunque la mayor parte del trabajo se haya realizado antes, casi a la par que acaban las subastas del Sábado Agés los encargados de confeccionarla se dedicarán a ir poniendo a veces cientos de flores en las calderas, tarea para la que suelen emplear varias horas y que suele ser una sorpresa para el jurado que a menudo no sabe nada hasta que está lista.

Ahora lo más fácil es encargárselas al florista con el que trabaje la cuadrilla pues así se tienen aseguradas pero hasta hace no tanto lo más habitual era pedirlas a los propios vecinos que no tenían más remedio pues aunque se negasen se las quitaban igual. También hay jurados que por no ser mañosos o por no tener tiempo prefieren encargarle a alguien la confección de la caldera a cambio de una cantidad.

La caldera llevará en su interior carne de toro, huevo duro, chorizo y pollo o gallina en función de si la advocación del santo o santa de la cuadrilla sea masculina o femenina, costumbre que se incorporó a finales del siglo XIX. Estos alimentos de la caldera tienen una función meramente decorativa y no serán consumidos por lo que los cocineros que las preparan lo harán más con criterios estéticos que gastronómicos, llegando a darle barniz al pollo para que brille y quede bonito.

Además de estos elementos clásicos y obligatorios cada jurado puede poner lo que quiera. Algunos ponen muñecos, reproducen maquetas de monumentos sorianos, otros construyen motivos sanjuaneros, se han visto calderas eléctricas con botas que arrojan vino o llevan luces encendidas, algunas con lumbre y hasta con niños de verdad. Cada uno es libre de poner lo que quiera siempre y cuando los cuatros que las llevan las andas sean capaces de soportar el peso.

La fiesta, como todos los días, empieza muy temprano con la habitual diana ofrecida por los colaboradores pues los jurados a esas horas estarán muy ocupados. Otros colaboradores de la cuadrilla cargarán los manteles, los platos, la vajilla y la comida que ofrecerán a la autoridad primero y después a los vecinos en los lugares acotados de la Dehesa, y aún deben quedar algunos en la cuadrilla entre las 9 y las 12 para repartir a los vecinos una bolsa preparada el día anterior con el chorizo, el huevo duro, el tallo de chorizo y la botella de vino, a la que sólo queda añadir una barra de pan del día.

Uno de los oficios cuadrilleros que hoy se considera imprescindible es el de cocinero de la cuadrilla, una o más personas que a cambio de una percepción económica se compromete a confeccionar menús diarios para los músicos y personal de la cuadrilla pero que es en este Domingo de Caderas cuando dan muestras de su saber hacer. El cocinero, de acuerdo con los criterios que establezcan los jurados, serán los encargados de preparara la comida de la caldera, pero sobre todo elaborarán una gran variedad de platos con los que los jurados obsequiarán a sus invitados. No puede faltar la carne de toro guisada de varias formas, los torrenos, las ensaladas, las banderillas, los embutidos, los escabechados, el vino…, y todo lo que se les ocurra, aunque por aquello de la salmonela y el calor, por si acaso se aconseja prescindir ese día de los productos con huevo. Los cocineros modernos además suelen ser expertos en protocolo y etiqueta por lo que se puede confiar en ellos para preparar una mesa elegante y lujosa para la que los jurados no escatiman gastos. Es e día indicado para estrenar manteles, poner cubertería fina y la cristalería de lujo, pero tampoco está mal visto poner una mesa típica castellana con platos de cerámica de Tajueco.

Cuando todo está listo los jurados precedidos por el mozo con el cartel, secretarios, colaboradores, los cuatros que serán los encargados de llevar la caldera y la cahranga, se dirigen a la plaza Mayor donde comenzará el desfile a las 11 de la mañana en el que todos los asistentes, y hasta los que los prsencian, deben ir de punta en blanco.

Lo abren una pareja de policías municipales que van despejando el camino y tras ellos las doce cuadrillas desfilando en el orden habitual, con el mozo del cartel delante, los piñorros, lcalcaldera, jurados, secretarios, acompñanates y los músicos cerrando el grupo. Tras las cuadrillas van las autoridades vestidas de gala, la banda municipal y detrás las peñas que también desfilan en su orden habitual.

El desfile se dirige por el Collado hasta la Dehesa y al pasar por la ermita e la Soledad se detienen un momento para que un sacerdote bendiga la caldera, tras lo que marcharán a los lugares indicados para cada cuadrilla donde los otros colaboradores ya han preparado la mesa con las viandas.

Este es el día grande de las fiestas y los sorianos procuran vestir sus mejores trajes. Muchas sorianas y cada vez mas sorianos, acostumbran a vestir el traje típico de Soria y que viene a llamarse de piñorra y piñorro, pero como tanto los nombres como la indumentaria crea mucha polémica que no viene al caso y daría para desarrollar muchas páginas, lo dejamos así con la orientación de quien quiera saber más sobre los elementos a vestir ese día que acuda al Museo del Traje de Morón de Almazán donde Rogelio le instruirá amablemente al respecto. En lo que sí suele hacer acuerdo es que en este día las piñorras llevan mantón de Manila, pero en el desfile de mañana no. Los jurados que decidan no llevar el traje de piñorro lo harán con ropa formal y elegante pero sin estridencias.

Cuando el desfile ha terminado y las cuadrillas han ocupado su lugar los colaboradores de cada cuadrilla repartirán botellines de agua fresca y refrescos a los que han desfilado con ellos. También es costumbre entregar a los niños vestidos de piñorro un cucurucho de dulces y un pequeño regalo de recuerdo para los adultos.

Las autoridades comenzarán su particular recorrido por cada una de las cuadrillas, saludando a los jurados y picando alguna de las exquisiteces que le ofrecen. Bajo la etiqueta “autoridades” hay que incluir como mínimo al alcalde, concejales de la Comisión de Festejos, jefe de la policía local y secretario de la Comisión, si bien no es raro que acuda el Ayuntamiento en pleno, procuradores, senadores, diputados, presidentes, delegados del gobierno y demás personajes que a veces ni se conocen.

El protocolo establece que el alcalde, que para este día debe llevar su propio bastón, saluda primero a los jurados, a los secretarios y al resto de colaboradores, repitiendo el mismo protocolo el resto. Mientras las autoridades están en la cuadrilla la charanga o unos gaiteros contratados al efecto, tocan suavemente alguna sanjuanera dejando hablar.

Una vez superada la prueba de la autoridad los jurados retiran las cintas que limitan el acceso y permiten que el resto de los presentes pasen y consuman la comida que resta, pero es mala idea pues la mesa será literalmente asaltada y hasta la fruta que está de adorno desaparece. Es más recomendable no quitar las cintas y acercar los platos al público que aunque el resultado sea el mismo al menos no serán atropellados.

Tras acabarse la comida, las cuadrillas desfilan hasta el Ayuntamiento donde en cuyo patio centrl dejarán las calderas para exponerse hasta últma hora de la tarde y que el público pueda contemplarlas tranquilamente. Hasta 1994 las calderas recibían prmios en metálcio pero desde el año siguiente los juraods decidieron que n lo hnieras, y como piniones hay para todos, hay quien dice que con premios las calderas eran mejores.

Los jurados, que ya casi han cumplido con su tareas, comen reposadamente y sin prisas con sus amigos y colaboradores, y el rsto de sorianos lo hace en familia, en casa o si ha hecho reserva en restaurante,pues en este dia no se puede permitir que nadie coma solo.

Por la tarde suele celebrarse la mejor corrida de toros, y última, de la feria pues tradicionalmente el Domingo de Calderas ha sido el día que má gente venía a Soria sobre todo desde los pueblos por lo que se consideró que con un buen cartel el lleno se asegurado.

Y mientras algunos aprovechan para ir a los toros o visitar las calderas, otros prefieren destinar esa tarde para el paseo o para acudir a las ferias y atracciones que se instalan para fiestas en el aparcamiento del estadio de Los Pajaritos.

A eso de las 8 de la tarde las cuadrilla volverán a rondar por las calles de su cuadrilla en dirección al ayuntamiento para recoger la cadera y llevarla al local, y como han descansado toda la tarde, después de cenar otra ronda o verbena de cuadrilla hasta las dos de la mañana.


Alberto Arribas es miembro de la Asociación de Amigos del Museo Numantino. 

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