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El Desencajonamiento. La última fiesta

El Desencajonamiento es la primera fiesta que se celebra en Valonsadero pero la última en llegar al calendario festivo sanjuanero.

Por Alberto Arribas · Soria

3 Junio, 2016 8:00 CET · Historia de San Juan comentarios
Desencajonamiento
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El toro, o novillo para hablar con propiedad, es el protagonista fundamental de las fiestas y lo primero de todo el proceso festivo es conseguirlo. Tradicionalmente, los novillos empleados para las fiestas de San Juan procedían del propio monte de Valonsadero pero poco a poco la ganadería brava que allí hubo fue escaseando y extinguiéndose durante el segundo cuarto del siglo XX por lo que hubo necesidad de comprar los toros en ganaderías fuera de Soria a la que se desplazaban los jurados y/o la comisión de festejos para elegirlos.

Los toros desembarcaban en el apeadero de la estación de Toledillo para llevarlos por el camino de Pedrajas

Evidentemente, un toro no es algo que se pueda traer debajo del brazo y el ganado elegido venía unos días después –hacia primeros de junio– en camiones o en ferrocarril hasta la estación de San Francisco desde donde los ganaderos de Las Casas con unas cuantas vacas lo recogían para llevarlo por la calle Alfonso VIII, Ferial y eras de Santa Bárbara para llevarlo a los corrales de Cañada Honda donde nada más llegar eran elegidos y seleccionados por los jurados. Cuando la ciudad fue creciendo y el riesgo de accidentes y fugas aumentó, los toros desembarcaban en el apeadero de la estación de Toledillo para llevarlos por el camino de Pedrajas hasta los corrales de Cañada Honda. Finalmente se optó por el más seguro transporte por carretera en cajones de ganado que transporta un camión desde la ganadería hasta el mismo desembarcadero del corral, una sencilla maniobra sin mayor interés más que para los jurados interesados. ¿O tal vez no?

¿Más de doce toros?

Si hay doce cuadrillas, lo lógico sería traer otros tantos toros. Alguien se dio cuenta que, por si acaso alguno se lesionaba, convendría traer alguno más. Por este motivo, en 1956 decidieron traer cuatro sobreros. Como en la Saca solía perderse alguno y para el Viernes se necesitaban doce en Soria, se decidió comprar veinticuatro toros, doce para llevarlos directamente al monte y otros doce para la novillada del viernes. Al final, los veinticuatro serían troceados y repartidos pues con doce no había suficiente carne para todos los vecinos y el gasto estaba justificado.

Como hemos contado, esta traída y desencajonamiento de los toros no parece en principio algo ni medio interesante, por lo que la comisión de festejos sólo avisaba a los jurados para que fueran testigos de la culminación de este transporte. Lo habitual es que se la llegada de los toros fuera el lunes previo al Lavalenguas a las 8 de la mañana. Pero claro, a poco que se junten cuatro sorianos con ganas de fiesta es lógico dar por seguro que corrían las botas y los almuerzos, los jurados trajeron a sus juradas y a los secretarios, después se apuntó algún cuatro y poco a poco la traída del ganado se fue convirtiendo en una fiesta que, sin fecha fija y manteniéndola en secreto, se estaba transformando es un festejo más al que cada vez acudían más sorianos. Las autoridades locales preferían mantenerlo en secreto pues cualquier desplazamiento multitudinario de personas al monte entraña peligros y gastos pero finalmente todo el mundo conocía el secreto a voces y cada vez había más público.

Desencajonamiento

Ese momento posterior al del desencajonamiento era el momento en el que se celebraba la elección de toro por cada cuadrilla. En una gorra se metían doce papeles, once en blanco y uno marcado. El que sacaba este número era el primero en elegir y le seguía el siguiente por el tradicional turno de cuadrillas. A continuación de desplazaban a la plaza de toros donde, siguiendo el mismo sistema, se procedería a elegir el toro a lidiar el Viernes de las fiestas.

El Desencajonamiento se empieza a celebrar en sábado

Finalmente, las autoridades fueron reconociendo que al acto ya acudían cientos de personas que aprovechaban la mañana para almorzar y que no pasaba nada si se organizaba el acto formalmente. A lo largo de 2001 y 2002, se discutió el asunto entre jurados y Ayuntamiento. El 31 de mayo de 2003, oficiosamente y organizado por la comisión municipal de festejos, se celebró el nuevo festejo sanjuanero, el Desencajonamiento de los Toros, instaurado el sábado anterior al del Lavalenguas. A las 9 de la mañana, con presencia de mucho público y de las peñas que ya llevaron sus chiringuitos, catorce novillos fueron desembarcados en los corrales de Cañada Honda. Por la tarde de aquel año se repitió el ceremonial en la plaza de toros a donde se llevaron los toros del Viernes. Posteriormente se decidió celebrar los dos desembarcos por la mañana primero en la plaza de toros y a continuación en el monte. El Desencajonamiento no se considera un acto oficial y está fuera de la ordenanza de San Juan. El grupo de jurados y Comisión de Festejos, acuden a los corrales, no así las Cuadrillas que no irán al monte como tal.

Se decidió comprar veinticuatro toros, doce para llevarlos directamente al monte y otros doce para la novillada del viernes

Al no ser un acto regulado ni por la tradición ni por las ordenanzas, no se puede decir que esa sea la forma correcta o incorrecta de realizarlo, lo que es bueno. Así nadie puede argumentar los famosos “usos y costumbres” para decir si es o no la forma correcta de desarrollarlo y está abierto a cambios que puedan mejorarlo. En los últimos años, los toros de la plaza se sueltan directamente en el albero no en los corrales. Dan un par de vueltas al ruedo para que el público contemple sus hechuras antes de encerrarlo en los corrales de la plaza. Lo que sí suele hacerse es sortear y elegir los toros de la plaza, pero no debe o no debería hacerse con los del monte pues eso se hará en el Lavalenguas como veremos más adelante.

Ganas de fiesta

Pese a ser fiesta reciente, el Desencajonamiento es el primer festejo que se celebra en el monte por lo que los sanjuaneros lo cogen con ganas y hay gran afluencia de público desde el amanecer. Aunque hay que decir que la mayor parte de la gente que acude ni participa en el festejo ni se asomará a ver el ganado pues la principal atracción del día es beber en alguno de los chiringuitos de las peñas hasta que el cuerpo aguante.

Desencajonamiento

Es ese un día relajado, día en el que hay que dejar en paz al ganado que tras un largo viaje en un cajón se ve en un lugar desconocido. No se debe ni se puede correr a los animales ni siquiera tentarlos. Hay que contemplarlos, admirarlos y hasta temerlos y comentar lo de siempre, que si están poco hermanados, que si ese es el líder, cuidado con aquel, el del pilón es bragado, el rojo astifino… Y todas esas tonterías que solemos decir los que no distinguimos un toro de una vaca.

En la parte occidental de los corrales es donde se disponen los puestos ambulantes, de helados y de sombreros, pero sobre todo los chiringuitos, uno por cada peña cuya recaudación servirá para la financiación de sus gastos, además del camión ambulante de Chicote que se ha ganado el derecho a estar ahí a fuerza de costumbre. Ese día se tiran miles de cañas y otros tantos vasos pero pese a las muchas campañas realizadas parece que no acaba de calar la evidencia de que los vasos no se tiran al suelo pues se pisan, se rompen y cuesta mucho limpiarlo. Bastante impacto sufre ya el monte estos días para que encima se arroje basura. Así que por favor, la basura a las contenedores que estar de fiesta es compatible con el respeto al medio ambiente.

Fotos: M-Audiovisuales, Carlos Arlegui y Dani Andrés

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