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La Compra del Toro

La Compra del toro es la fiesta más veterana de las que se celebra en Valonsadero previa a San Juan.

Por Alberto Arribas · Soria

18 junio, 2016 0:14 CET · Historia de San Juan comentarios
San Juan fiestas Compra 1906 cuadrilla de San Esteban
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Antecedentes históricos

Recapitulando un poco los capítulos anteriores, la esencia de las fiestas de San Juan consiste resumidamente en que cada jurado al frente de su cuadrilla de vecinos compra un toro para divertirse con él corriéndolo o lidiándolo para luego matarlo, despiezarlo, repartirlo, subastarlo y con las sobras hacer una comida comunal, por lo que para cumplir todo ese ciclo festivo lo primero que necesitamos es un toro que hay que ir a comprar. Bueno pues básicamente eso es la Compra del Toro, pero claro está, como todo en fiestas de San Juan, la Compra es mucho más que una mera transacción económica, es una fiesta muy popular rodeada de tradiciones, costumbres y buen humor. Vamos a analizarla.

Aunque hay y ha habido pueblos o comunidades que disponían de cabañas ganaderas comunes y propiedad de todos su integrantes que pastaban en las dehesas boyales no consta que las cuadrillas o barrios de la ciudad de Soria dispusieran en tiempos modernos de esta forma de explotación ganadera por lo que ante la conveniencia de comprar un bien del que se carece, en este caso un toro o novillo, había que ir a buscarlo. En Soria el lugar más cercano donde comprar un toro bravo ha sido hasta su desaparición alguna de las ganaderías de toros bravos que existieron en Valonsadero y que han surtido de ganado bravo no solo a la capital. También consta, por ejemplo, que en 1725 se vendieron reses de Valonsadero para los actos festivos de San Roque en El Burgo de Osma y para oros muchos festejos de la provincia. Pero aunque por cercanía ese era el lugar más adecuado para comprarlo, no era obligatorio comprar allí el ganado y aunque no haya sido corriente ha habido ocasiones en las que las cuadrillas han comprado el ganado a ganaderos de de la provincia o de fuera de ella.

Y es que lo que era diferente antes es que la Compra actual es un festejo único pero hasta 1925 la Compra era eso, una adquisición de ganado más o menos anodina que cada cuadrilla hacía el día que mejor le venía, con o sin merienda, sin público y sin considerarlo algo extraordinario. El jurado acordaba un día con los miembros de la comisión para la compra del toro elegida en el Catapán. Sus miembros se trasladarían un día cualquiera hasta una ganadería, pongamos las de Valonsadero, y allí, quizá incuso sin jurado ni mayordomo, decidían, elegían el animal que satisficiera sus necesidades conforme al presupuesto acordado y más bien en función de su tamaño que de su bravura pues lo fundamental era la mayor cantidad de carne para repartir y tras regatear el precio lo pagaban en efectivo.

Siendo un día de campo y, tradicionalmente en Soria de los primeros días en hacer buen tiempo, podemos dar por seguro que los miembros de la comisión aprovecharan la salida para comer en el campo antes de regresar a casa e informar al jurado que ya el recado ya estaba hecho. La revista Ilustrada Fiestas de San Juan (1900) recoge que cada cuadrilla hacía la Compra un día a finales de mayo o principios de junio, día en el que se organizaba merienda cuadrillera y que en aquella época se basaba en paella y tortillas.

A partir del primer cuarto del siglo XX algunos jurados que salían voluntarios ya entendían su cargo como una fiesta en el amplio sentido de la palabra por lo que para ese día invitaban a sus amigos y ya de paso organizaban una merienda comunal a la que únicamente asistían hombres. La fiesta fue ganando en vistosidad y se comenzó a vislumbrar la conveniencia de realizarla a la vez por parte de todas las cuadrillas añadiéndole otros elementos como un baile publico en el monte. Y es que hay que tener en cuenta que a diferencia de la forma actual de desarrollarse las fiestas, por aquel entonces este desplazamiento al monte para comprar el toro era la única ocasión en la que el jurado con su cuadrilla se desplazaban al monte pues la Saca en esos años apenas atraía a unos cuantos.

Como ejemplo de las Compras de hace casi cien años podemos ojear la prensa de la época. El Noticiero de Soria (11/06/1920) informa en una nota que la cuadrilla de San Esteban organizó la comitiva para la Compra del Toro dos días después el lunes 14 a las tres de la tarde, y otra nota en El Avisador Numantino de esa misma jornada deja claro que cada cuadrilla celebraba la compra bajo su criterio “como ya sólo quedan tres días festivos antes de la Saca, es muy posible que mañana (domingo) vayan al monte algunas cuadrillas a la compra del toro”.

Respecto al origen de la primera Compra organizada en conjunto por las doce cuadrillas, tenemos que esperar un poco. En 1924 la prensa habla del día en el que varias cuadrillas celebran la compra del toro pero eso dice varias, no todas. Hay que esperar a 1925 para que la prensa, sin dar demasiados detalles, nos hable de una Compra que parece común para todas las cuadrillas y cuyo regreso a Soria fue en forma de desfile precedido por la banda de música provincial a la que al año siguiente se incorporó la novedad de los mazos de bengalas “comprados por los particulares” que tanta vistosidad ¡y peligro! daban al desfile hasta su supresión en la década de los ochenta. De todas formas la Compra del Toro como celebración conjunta de todas las cuadrillas no parecía ser un festejo definitivamente asentado en 1926 pues El Avisador Numantino (09/06/1926) se refiere esta celebración todavía en forma condicional: «Probablemente la “compra del toro” de todas las cuadrillas tendrá lugar el día veinte del corriente» si bien las crónicas hechas tras aquella Compra nos hablan de un festejo ya arraigado y muy del gusto de los sorianos que acudían en masa al monte.

Prácticamente a la par que este festejo se asentaba plenamente en el calendario festivo, la cantidad y bravura de los toros de Valonsadero comenzaba a diminuir por lo que ya en 1928 el Ayuntamiento decidió comprar los toros fuera de Soria aunque mientras los hubo algunos jurados siguieron prefiriendo los toros autóctonos. Consta que los hubo en 1932 pero que el último fue en 1954 siendo jurado de la cuadrilla de El Salvador el ganadero Félix Gonzalo que eligió un toro de su propia ganadería de Valonsadero.

Desde entonces y ya definitivamente, los toros de las fiestas se han comprado en ganaderías de todo el país, alguna propiedad de sorianos como los novillos del Viernes de Toros lidiados en 2004, 2005 y 2006 que pertenecían a la ganadería del médico soriano afincado en Jaén y ganadero de vocación, Agustín Sánchez, que en su tiempos fue un novillero conocido como “El Guti”.

No han trascendido muchos detalles de la forma de celebrar aquellas Compras de antaño pero serían muy parecidas a las actuales, con la diferencia de que el jurado pagaba allí mismo y en efectivo el coste del toro al ganadero o al ayuntamiento.

Tras la Compra se celebraba una merienda que en esos años ya se celebraba donde ahora está construido el merendero de autoridades, construido en 1954. Quizá la diferencia más importante era que allí también se trasladaba la mayor parte de la gente pues en esa pradera se celebraba el baile, se instalaban algunos puestos de bebidas, helados o gorros, dejando vacía lo que ahora conocemos como zona de los chiringuitos. En aquella pradera cada cuadrilla formaba un círculo de mesas, una forma diferente a la actual en las que las cuadrillas se disponen en filas.

Respecto al típico menú de las meriendas, Francisco Terrel en un artículo de la Revista de Soria de la primera época, refiriéndose a la Compra de primeros de siglo recordaba los platos típicos: «… las albóndigas… el bacalao con tomate… y entre bocado y bocado, corría la bota repleta de vino tinto bien catado por los expertos que lo habían probado en los almacenes de Manuel Ruiz, Manuel Aznar “el Jaro”, u otros, procedentes de Aragón y de la Mancha».

Sobre el auge de la Compra como un gran festejo tuvieron mucho que ver dos cosas: la aparición en 1939 de la que pasa por ser el himno de Soria, la popular sanjuanera “A la Compra”, una canción sencilla y pegadiza que posiblemente sea la más conocida de las compuestas por don Francisco y don Jesús que solían elegir el mediodía de esta jornada para estrenar su nueva sanjuanera desde el Árbol de la Música, y por otra parte la necesidad de tener que desplazarse desde la capital hasta el monte.

En la actualidad acudimos al monte para Desencajonamiento, Lavalenguas, Compra y Saca, pero durante muchos años la Compra era el único festejo de monte al que se acudía en masa y suponemos que aunque muchos sorianos fueran al monte andando, el que pudiera iría en automóvil y quien lo tuviera pondría a disposición su carro o camión pues era una jornada para compartir con familia, amigos y vecinos lo que explica el fenómeno de que pronto surgieran las carrozas decoradas para ir al monte.

La aparición de las carrozas

Las carrozas eran camiones decorados y en algunos casos transformados o disfrazados, que aunque originalmente tenían la finalidad de transportar personas con el tiempo fue primando la decoración a la utilidad, convirtiéndose en complicadas plataformas que a veces eran incapaces de llevar a nadie más que el conductor pues llevaban sofisticadas estructuras adornadas con motivos sorianos y sanjuaneros, aunque también las hubo con motivos infantiles, publicitarias, y hasta políticas, como la alegoría de la República que salió en 1931. Durante muchos años fueron tan características de ese día como el sol, el vino o los toros.

San Juan fiestas compra 1930 2 primer premio concurso de carrozas

No sabemos cuando surgieron. Fotográficamente la primera se fecha en 1930 aunque se recuerda alguna un poco antes, lo que niega categóricamente la posibilidad de que surgieron por las reformas que trató de introducir López Pando en la segunda mitad del siglo XX, tal y como sostienen algunos. La idea gustó tanto que sabemos que contó con el apoyo municipal que organizaba concursos y premios para la carroza mejor engalanada y también para el jinete mejor enjaezado, premios que en 1932 eran de 125 pesetas (0,75 euros) para la primera y 50 (0,30 euros) para los segundos.

Este fenómeno del transporte al monte en vehículo decorado ayudó mucho a que el recién estrenado festejo de la Compra ganase en vistosidad y se elevase casi de inmediato en festejo mayor que comenzaba con un gran desfile en el que participaban bicicletas adornadas, camiones, carros de caballos y en general cualquier vehículo que pueda traer y llevar personas. Aún hoy hay quien tiene algún vehículo peculiar como bicicletas en tándem, calesas a caballo, motos con sidecar, descapotables, coches clásicos o deportivos que emplean casi exclusivamente para lucirlo este día de la Compra y el de la Saca. En cuanto al adorno de los vehículos lo más socorrido es emplear las rosas sanjuaneras que brotan en esos días y, sobre todo, las aliagas silvestres del monte que con sus peculiares y llamativas flores amarillas son las flores características del monte en junio.

Poco a poco estas carrozas fueron haciéndose cada vez más llamativas, tanto que ya no podían emplearse para llevar personas y las hubo que sólo desfilaban para el concurso desde la plaza Mayor hasta el Espolón convirtiendo el desfile más bien en una cabalgata que ofrecía elementos tan escasamente sanjuaneros como aquella carroza que llevaba a Blancanieves y los siete enanitos, o la que monto una escena holandesa con molino y todo. Sería en los primeros años de la década de 1960 y coincidiendo además con la generalización popular del automóvil cuando estas carrozas desaparecen. Los que vivieron esta época dicen que era bonito verlas pero que fueron dejándose de hacer pues su elaboración resultaba cara y complicada, y más aún era poder disponer de un camión que dejase de ser empleado unos días mientras se decoraba.

Pero en este proceso de desaparición de las carrozas habría que añadir la aparición de otro elemento mucho más accesible, práctico y fácil de adaptar para el transporte de personas, el tastarro. Aunque hay fotografías anteriores de 1950 en las que se ven en el monte coches parcialmente desguazados pero capaces de transportar personas, es a partir de la década de los cincuenta y sobre todo a partir de la de los sesenta cuando el uso del automóvil se va popularizando al reducirse sus precios, lo que lleva implícito que hay que deshacerse de los viejos coches y que antes de llevarlos al chatarrero es posible darles un último uso o mas bien abuso y dedicarlos para el transporte de personas hasta el monte. Surge así el popular tastarro que repartía a la par muchas alegrías pero no pocos disgustos y que se usaban tanto en los desplazamientos al monte como en la ciudad los días de las fiestas.

Hoy resulta impensable ver a veintitantas personas en un coche viejo carente de techo, seguros y que se cae a trozos, pero hace veinticinco años se veían con simpatía. Claro que la normativa de tráfico era más laxa, no había tantas prohibiciones ni carnets por puntos y nuestra percepción del riego era menor, por lo que los tastarros fueron protagonistas indiscutibles de las fiestas hasta que hubo algún accidente serio en 1990 lo que coincidió con que un par de años antes a alguien se le ocurrió meter uno de ellos en el albero de la plaza en plena celebración de la novillada del Viernes de Toros. Aquello ya fue definitivo y en las fiestas de 1991 la policía local recibió órdenes estrictas de atajar el problema, por lo que nunca más volvieron a verse.

Y es que a menudo no tomamos conciencia de un peligro hasta que ha pasado alguna desgracia que fue lo que ocurrió con la costumbre de transportar personas a Valonsadero en la caja de los camiones, que a nadie se le ocurrió que fuera un peligro hasta que en la Compra de 1972 aconteció un accidente muy grave y se prohibieron aquellos transportes.

Es cierto que todos ganamos en seguridad y no hay que arrepentirse de ello pero también es de justicia reconocer que perdimos en vistosidad pues los desfiles de la Compra fueron convirtiéndose en un aburrida caravana de coches en la que ya apenas se ven vehículos decorados.

Desarrollo actual

Actualmente la fiesta de la Compra del Toro no difiere tanto de aquella primera de 1925. Se celebra en domingo, dos semanas antes del Domingo de Calderas pues como su celebración resulta imprescindible para el desarrollo festivo, si aconteciese que por motivos meteorológicos o por cualquier otra causa de fuerza mayor no se pudiera celebrar la Compra en su día, quede libre un domingo antes de las fiestas para celebrarla, lo que ha acontecido en varias ocasiones por la lluvia, la última en 2010, siendo trasladada según establecen las Ordenanzas de 2002 conforme al criterio de los jurados de cuadrilla de la comisión de festejos.

La fiesta en realidad comienza el sábado de madrugada cuando al acabar la verbena llamada de “los cuatros” (aunque ahora la paga el ayuntamiento, era costumbre hasta hace unos años que fuesen todos los cuatros de las doce cuadrillas quienes la pagaban a escote), es tradición ir al monte a cerrar los toros, tomar pastas, anís y moscatel, bailar y, en definitiva, a continuar la fiesta. A eso de las 7,30 u 8 de la mañana y si los mozos a pie no lo consiguen, lo que suele ser habitual, intervienen los caballistas y peones que con la manada de bueyes, vacas y jotos recogen el ganado ante la atención de miles de personas que a esas horas contemplan el espectáculo. Este encierro llamado la Comprilla (el nombre popular dado hace unos años al Lavalenguas) resulta muchas veces incompleto pues a menudo hay algún toro rebelde al que hay que meter en el corralito pero ni por las buenas, ni ensogado ni en camión, que de todo se ha visto.

Tras la Comprilla muchos sorianos optan por quedarse todo el día en el monte descansando o bebiendo en los chiringuitos que todo el día están hasta los topes, pero otros optan por regresar a casa para descansar un rato.

Por la tarde comienza el festejo oficial de la Compra que debe desarrollarse conforme establece el artículo 13 de la ordenanza de 2002:

  • Faltando dos Domingos para el inicio de las Fiestas, se celebrará el festejo conocido como “La Compra del Toro” cuyo desarrollo discurrirá por los mismos cauces que el festejo del “Lavalenguas”, excepción hecha del sorteo de los lotes de novillos. Después de haber sido corridos los novillos en Cañada Honda, los jurados celebrarán en la pradera de Valonsadero la merienda de Cuadrilla, que será visitada por la Comisión Municipal correspondiente. Con posterioridad se celebrará el tradicional baile amenizado por la Banda Municipal de Música.
  • El regreso o “entrada de La Compra” será celebrado con un desfile a pié por el centro de la ciudad hasta la Plaza Mayor y será presidido por los Jurados de Cuadrilla, acompañados por la Comisión Municipal correspondiente, con participación abierta a la ciudadanía.
  • Si por razón de fuerza mayor no pudiera celebrarse el festejo de La Compra en el Domingo señalado anteriormente, los Jurados y el Ayuntamiento podrán acordar el traslado de su celebración al Domingo siguiente.

No es frecuente pero el último párrafo de las ordenanzas debe aplicarse de cuando en cuando, y es que no es raro que junio sea un mes muy lluvioso y aunque ese día no llueva es posible que lo haya hecho en abundancia los días previos por lo que el monte puede estar impracticable. Esta fiesta ha coincidido con otros acontecimientos destacados como elecciones, partidos del Numancia trascendentales o fiestas religiosas, y aunque alguna vez se ha comentado la posibilidad de aplazarla sólo se ha hecho por motivos climáticos.

De tomarse, la decisión última de la suspensión del festejo y traslado al domingo siguiente es de los jurados de cuadrilla y del Ayuntamiento. En alguna ocasión ha llovido en esa jornada y lo único que se ha trasladado ha sido la merienda comunal que se ha pasado a celebrar en cada local de cuadrilla.

Una de las diferencias con las compras de antaño es el transporte al monte. Perdidas las carrozas, los camiones y los tastarros, las alternativas para ir al monte eran a pie o en vehículo propio, lo que causaba importantes problemas de tráfico pues en a esta jornada de campo acuden no solo sorianos de la capital y de la diáspora, a la Compra acude mucha gente de La Rioja, de Aragón, de Navarra, de Madrid… lo que ocasionaba problemas de trafico y de aparcamiento. El ayuntamiento decidió hace ya algunas años establecer una línea especial de autobuses gratuita que durante todo el día trae y lleva gente desde el centro de la capital hasta el monte, evitándose muchos desplazamientos en coche propio especialmente en una jornada en la que hay quien bebe más de la cuenta pues aunque en fiestas todos relajemos las normas, alcohol y conducción son incompatibles incluso en San Juan.

Ese día por la mañana no es jornada oficial de actos de cuadrilla pero sí es día en el que hay que preparar la merienda de la tarde en el merendero de autoridades en el que los jurados invitan a sus amigos y colaboradores, y entre todas las cuadrillas a las autoridades desplazadas hasta el monte. Los preparativos de esta merienda se llevan a cabo en el local de la cuadrilla pero otros cuatros o ayudantes tendrán que ir al monte por la mañana para ir colocando las sillas y mesas solicitadas al Ayuntamiento y que hasta el monte llevan empleados municipales.

Para los desplazamientos de esta tarde al monte y otra vez a la ciudad, cada jurado debe haber contratado un autobús que irá decorado con rosas y el cartel/arguijuelo identificador de cada cuadrilla, y en el que irán sus colaboradores y cualquier vecino que lo solicite pues el coste lo abona la cuadrilla. Para esa jornada los miembros de la cuadrilla llevan ya los pañuelos blancos y las camisetas identificativos, aunque hay quien prefiere llevar sólo uno de esos elementos, o ninguno en solidaridad con el resto de los vecinos que todavía no los tienen.

A las cinco de la tarde todas las cuadrillas con las autoridades, banda y vehículos engalanados, deben estar en la plaza Mayor para iniciar el desfile por el Collado, a pie por jurados y autoridades, o en vehículo el resto. Tras la llegada al monte cuatro personas por cada cuadrilla (jurada jurado, secretaria y secretario, que conviene matizarlo pues la presencia de las mujeres en la Compra fue una reivindicación importante hace poco más de treinta años) acompañados por los miembros de la comisión de festejos acudirán hasta el lugar preferente que se les ha reservado delante de los corrales para que cada cuadrilla y según el orden del que ya hemos hablado, elijan a su novillo que será tentado y soltado al corral grande. Una costumbre extinguida si no del todo casi, ha sido que los secretarios solían llevar un maletín que entregaban simbólicamente al concejal de festejos para representar de esa forma el pago por la compra del novillo.

Ya cumplido con el rito de la Compra, haber tentado al animal y correrlo un rato por la pradera, el público suele irse o quedarse a merendar pero las cuadrillas marchan hasta el merendero de autoridades donde por la mañana habían colocado las mesas para cuadrillas, colaboradores, autoridades y banda. Teóricamente esa merienda está abierta para todos los vecinos pues corre a cuenta de la cuadrilla, pero también es razonable pensar que es imposible organizar una merienda para todos los vecinos y sus familias, por lo que no conviene ir a gorronear y más vale llevarse el bocadillo o comprarlo en los chiringuitos que ir a pedir una loncha de salchichón. En cuanto a la merienda hay que insistir una vez más en la prohibición de que en el monte no se puede hacer fuego por lo que es día de bocadillos o de platos preparados, no de parrillas.

Al igual que en ocurre en todos los ámbitos de la sociedad, a veces los menús camperos de la Compra tienden a sofisticarse cada año ofreciendo platos cuyo nombre no se puede recordar y de un sabor indefinido, pero lo recomendable es el menú campero tradicional ofrecido en vajilla desechable con tortillas de varios tipos, chorizo, ensaladilla rusa, filetes empanados, lomo en aceite, queso, embutidos… y aún desde hace algún tiempo se dejan ver las pizzas o las hamburguesas para los más pequeños. No pueden faltar las bebidas que hay que llevar en recipientes con hielo y los licores.

Tras la merienda se recoge y comienza un animado baile a cargo de la banda municipal que interpretará unas cuantas sanjuaneras hasta las nueve de la noche. De ahí otra vez a los autobuses para regresar a Soria cuya entrada, entre las 22 y las 23 horas, se realiza a pie por parte de jurados y autoridades desde el Espolón hasta la plaza Mayor, un desfile antaño muy típico y vistoso que ganó mucha seguridad al eliminar los tastarros y las bengalas. Se añoran esos elementos sí, pero teniendo en cuenta que entrañaban unos riesgos difíciles de asumir por el Ayuntamiento en estos tiempos de continuas demandas y reclamaciones, la decisión será lamentable pero es la más adecuada.

Después la banda organiza una pequeña verbena en la plaza Mayor a la que sólo suelen acudir los jurados y allegados pues es tarde y al día siguiente toca trabajar.

Manual de la cuadrilla para tener en cuenta tras la Compra

Ya no queda nada, poco más de dos semanas, pero un tiempo que se vive muy intensamente y que pasa muy deprisa pues hay muchas cosas que hacer.

  • Desde 1942 es costumbre exponer en los comercios de Soria las banderillas y los cachirulos que lucirá cada novillo el Viernes de Toros, y es a partir de ese día cuando ya comienzan a verse en los escaparates más céntricos donde se colocarán esos elementos con un pañuelo de la cuadrilla donde se vea bien el nombre.
  • A partir de este día las cuadrillas prepararán un sobre para entregar a cada vecino de la cuadrilla que debe contener cuatro entradas para la novillada de la mañana y otras cuatro para la de la tarde del Viernes de Toros, el vale para la tajada en crudo a recoger el Sábado Agés y el vale para la tajada cocida del Domingo de Calderas. Las entradas las suministra el Ayuntamiento a las cuadrillas pero el resto lo debe contratar el jurado a alguna imprenta.

Es costumbre acompañarlo con un saluda de los jurados, un pañuelo blanco con el logotipo de la cuadrilla de ese año y alguna pegatina. El sobre debe entregarse cuanto antes y preferiblemente en mano aunque obligue a los cuatros a recorrerse el barrio varias veces.

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